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 Monophobia
Kaoru Himura-Takarai
Posted: Jul 27 2008, 12:28 AM


Master of puppets


Group: Admin
Posts: 2 269
Member No.: 1
Joined: 14-January 07



Olivia se paseaba de un lado al otro de aquella habitación, intentando amenizar el tiempo. Gackt no la iba a liberar hasta que le explicase dónde estaba Toshiya y le contase todo cuanto sabía. Y ella no era tan idiota como para hacerlo. Después de todo, él ya tenía casi seguro que Toshiya se había unido al clan de Daisuke. Su problema era que le daba miedo hacerle frente a la realidad, y esa realidad era que Kaoru no renunciaría a Toshiya por él. Ya no era la persona más importante para su hermana, y eso lo hería y lo llenaba de odio.
La puerta se abrió y Olivia se giró hacia ella. You, uno de los hombres de confianza de Gackt, se aproximó a la vampira.
- Ven conmigo.
- ¿Adónde?
- Eso ya lo verás – respondió él -. Gackt tiene algo que ofrecerte.
- Dudo que me interese.
- Yo dudo que te deje indiferente.
La preciosa vampira siguió a You a través de un largo pasillo. No iba a intentar escaparse porque sabía que no tenía ninguna posibilidad de conseguirlo, y, aunque lo hiciera, tampoco le quedaba ningún lugar al que ir.
Subieron un tramo de escaleras y llegaron a una zona amplia, con grandes ventanas que dejaban entrar la luz del sol. Molesta, Olivia esquivó los rayos, que le hacían daño en la piel, y siguió a You hasta una nueva estancia, una especie de salón moderno. Gackt estaba sentado en un sillón, esperándola.
- ¿Y bien? - preguntó ella.
You acababa de abandonar el lugar y estaban los dos solos. Gackt se incorporó y recorrió la habitación tranquilamente.
- No voy a volver a pedirte que respondas a mis preguntas, Olivia. Sólo te enseñaré lo que tú misma has hecho al no querer colaborar.
Sonrió de forma siniestra y apartó unas cortinas que ocultaban una pared cubierta de pequeñas pantallas de televisión. En realidad, lo que en ellas se mostraba eran los diferentes cuartos de aquel edificio.
- ¿Tu entretenimiento personal? - preguntó ella – Parece que no te fías de nadie.
- Tú tampoco deberías hacerlo. Confiabas en que no llegaría tan lejos, pero para mí tus sentimientos no tienen ninguna importancia. Fíjate bien en lo que ves. Habrá algo que te llame la atención.
Todo lo que Olivia veía allí eran vampiros que hablaban entre ellos y parecían trabajar en algo. No había nada en especial, o eso pensaba, hasta que en su campo visual entró un elemento diferente. Sintió que le flaqueaban las fuerzas al ver, en una de las múltiples pantallas, a Uruha, al que amaba por encima de todo, en una especie de calabozo circular, encadenado por unos rayos oscuros, como magia negra, que le perforaban el cuerpo por varias partes. A pesar de que las cámaras no recogían el sonido, ella casi era capaz de escuchar sus gritos de dolor.
- ¡¡Hijo de...!! - comenzó a gritar, al tiempo que se abalanzaba sobre Gackt, llena de ira.
El vampiro la esquivó con facilidad, pero Olivia regresó a la carga en una fracción de segundo.
- No hay nada que puedas hacer – sonrió Gackt -. Ya no puedes salvarlo.
Ella adelantó un puño hacia Gackt, pero éste lo frenó con su propia mano, sin dificultad alguna. Durante unos minutos, el combate se desarrolló de la misma manera: la vampira trataba de alcanzarlo con su fuerza física, pero no conseguía sorprenderlo.
- ¿Ya te has cansado? Venga, por mí podemos continuar – dijo él.
- ¡Él no te ha hecho nada! Soy yo la que no quiere contestar a tus preguntas, no Uruha. ¿Por qué tienes que hacerle esto a uno de los tuyos?
- ¿Estás dispuesta a sacrificarlo a él por serle fiel a tu amiga?
Intentando controlar el odio, a Olivia sólo se le ocurrió dar un golpe bajo y utilizar sus poderes para transformarse en Kaoru, de la que todavía conservaba una muestra de ADN.
- Te morías de ganas de saber cómo está tu hermana, ¿no? - preguntó, con la voz de su amiga – Mírala. Ésta es la persona que tanto deseaba encontrarte y que ya nunca más querrá saber de ti.
- Kaoru...
- Sí, Kaoru. Pero ella ya nunca volverá a sonreír para ti. Contémplala: sus manos, su piel pálida, sus ojos... ¿La echas de menos?
- Maldita sea, no jugarás conmigo.
- ¿La echas de menos? - insistió ella.
- ¡¡No jugarás conmigo!!
Gackt la agarró con fuerza del cuello, a pesar de que el aspecto de Olivia seguía siendo el de su hermana, asió una figura de porcelana que había sobre una mesa y se la clavó en el pecho. La blusa blanca de la vampira se tiñó de sangre al tiempo que ella recuperaba su verdadero cuerpo.
- Hija de puta – dijo Gackt.
- A diferencia de ti, yo no voy a traicionarla – terció Olivia, llorando lágrimas de sangre.
- ¿Por encima de él? ¿No te importa que lo mate?
- No la voy a traicionar.


Ya se estaba haciendo de noche y el cielo se teñía de añil. Aya lo observaba desde el gran patio de la morada del clan de Daisuke. Recordaba las palabras de Kaoru (el chico), que quería irse de allí cuanto antes, y lo entendía. Quería irse con él, pero todavía tenía un asunto pendiente con Daisuke.
Cuando regresó al interior de las mazmorras, había un gran revuelo. Todos los guardias se estaban dispersando por el castillo, como buscando algo.
- ¿Qué sucede? - le preguntó a uno.
- Parece que Kaoru ha escapado de la celda donde estaba encerrada y Daisuke se ha puesto furioso.
Aya atravesó el pasillo rápidamente y corrió hasta el despacho de Daisuke. Se escuchaban dos voces allí dentro, y ella las conocía bien.
- ¿Estás seguro de que, cuando fuiste allí durante el día, ella estaba débil y no se podía mover?
- Totalmente – respondió la voz de Kaoru, el novio de Aya -. Apenas conseguía enfocar con la mirada.
- Entonces, alguien le ha ayudado. ¿No has visto nada raro en las últimas horas?
- No he visto ni escuchado nada. Estuve montando guardia delante de los calabozos y ninguna puerta se abrió. Ha tenido que huir de otra manera.
- Y alguien la ha ayudado. Kaoru, entérate de quién fue.
- Hecho. Oye – añadió, tras una pausa -, ¿por qué confías en mi palabra?
- Ya sabes lo que puede pasar si me engañas. Aya puede desaparecer para siempre con tan sólo desearlo yo.
La puerta se abrió y Kaoru se sorprendió al ver allí a Aya. Tras alejarse un poco, él le explicó:
- Me ha estado interrogando por lo de mi tocaya.
- ¿Sospecha algo de nosotros?
- Creo que no, y, por nuestro bien, nadie debe saber nada.
- ¿Y de Toshiya sospecha?
- Creo que ni siquiera ha pensado en él. No tiene forma de relacionarlo con Kaoru, es más, apenas lo conoce, así que tardará en descubrirlo.
- Esto les da tiempo. Espero que hayan sabido buscar un buen escondite.


Siempre había querido saber qué tal me quedaría el rubio – comentó Kaoru, deslizándose entre la multitud que aguardaba junto a las vías del tren.
- Te sienta bien – rió Toshiya, que, él sin ningún disfraz, caminaba a su lado.
Vestidos de funcionarios, de recepcionistas o de viajeros, había unos cuantos vampiros que vigilaban toda la zona, por si a alguien se le ocurría marcharse de la ciudad. Tanto Gackt como Daisuke pertenecían a clanes cerrados y no podían dejar que nadie los traicionara. La mayor parte de los vampiros que pertenecían a sus clanes no lo hacían por voluntad propia, sino porque la guerra los obligara, al igual que muchos habían abandonado Tokio, de modo que muchos amigos o compañeros se habían visto separados. Ninguno de los dos líderes podía correr el riesgo de que se formara una alianza en su contra. Era prácticamente imposible abandonar la ciudad sin ser interceptados. En cuanto a la división entre los dominios de ambos clanes, estaba vigilada, pero los guardias de uno y otro solían terminar peleándose entre sí y descuidando la barrera.
- ¿Qué tal tu alemán? - preguntó Toshiya.
- Bastante olvidado, pero, si no reconocen mi cara, colará.
Se aproximaron despacio a la vía, a esperar a que su tren llegase. Toshiya había divisado ya a dos de los vampiros del clan de Daisuke, que los miraban con curiosidad.
- ¿Tú en nuestro territorio? - le preguntó uno de ellos, de nombre Riku.
- Hace poco que Daisuke me abrió las puertas de sus mazmorras – repuso Toshiya.
Kaoru intentó actuar con normalidad. A pesar de todo el maquillaje y de la peluca, le daba miedo ser reconocida.
Toshiya le mostró a Riku la orden escrita de Yuana en que lo enviaba a Kioto a secuestrar a la novia de Atsushi.
- ¿Y ella?
- Se llama Giselle, pertenece al clan de Hizaki. La enviaron para ayudarme en esta misión.
- Erfreut Ihre bekanntschaft zu machen – dijo ella.
- Dice que le alegra conocerte – sonrió Toshiya -. No habla japonés.
El tren acababa de detenerse frente a ellos. Riku, el cual seguía sin parecer muy convencido, volvió a mirar la nota. Era el sello de Yuana, no cabía duda, y también su caligrafía. A pesar de que allí no hablaba de ninguna chica, no podía detenerlos y arriesgarse a que después Yuana lo matara por una confusión.
- Está bien, que tengáis un buen viaje.
- Gracias.
No hablaron hasta estar sentados dentro del vagón. Riku seguía mirándolos a través del cristal.
- Creo que no se ha dado cuenta – dijo Toshiya -. Tienes un buen acento. ¿Quién te lo ha enseñado?
- Ist ein Geheimnis – sonrió la vampira. Quería decir: “Es un secreto”.
Cuando el vehículo se empezó a mover y la estación quedó lejos, Kaoru se sacó la peluca y empezó a borrarse todo aquel maquillaje. Parecía mentira que hubiese burlado a Riku con un truco tan simple, aunque por suerte también ayudaba el hecho de no haberse encontrado con él muchas veces antes.
- ¿Vas a explicarme eso ahora? - preguntó ella.
- ¿De qué serviría?
Ella respiró profundamente, sintiendo cómo el aire corría por su interior antes de volver a salir.
- No creas que no sé lo que es eso – dijo -. La última vez que conocí a alguien con una herida semejante, su cuerpo se hizo cenizas delante de mí.
- Eso no va a pasar.
- ¿Cómo lo sabes?
Kaoru cerró con fuerza la puerta del compartimento en el que iban y lo miró, con lágrimas en los ojos.
- No es que te lo esté exigiendo – explicó -, pero me gustaría que confiaras en mí porque me preocupa lo que pueda pasarte.
- Confío en ti – replicó Toshiya -, pero no quiero contártelo ahora. Ya tienes bastante con lo de Gackt y con lo que sea que te ha hecho Daisuke. No es el momento de echar más leña al fuego; además, estoy bien.
Ella no pudo seguir conteniendo las lágrimas, pero, cuando Totchi intentó acercarse para abrazarla, lo empujó.
- Lo siento – dijo él.


Hizaki depositó el libro que estaba leyendo sobre la mesa y caminó con agilidad hasta la ventana más próxima. La luna creciente lo miraba desde el firmamento.
- ¿Ocurre algo? - le preguntó alguien.
Se volvió para mirar a un vampiro de cabellos dorados que descansaba en un rincón.
- Sí, algo está ocurriendo, pero no sé qué es.
Siguió deslizándose por el salón, observándolo todo como quien mira la más delicada obra de arte. Hizaki era capaz de ver la belleza entre la putrefacción, la verdad entre las mentiras.
- Es como si ya no hubiese una línea definida entre el mal y el bien.
- ¿La hubo alguna vez? - preguntó Yuki.
- La hubo, sí, pero poco a poco va desapareciendo.
- ¿Quiénes eran los malos y quiénes los buenos?
- Había pocos de los buenos. Ahora... el mal nos envuelve a todos. Se avecina una guerra, Yuki.
- Otra más.
- Sí, pero creo que esta vez estamos en el lado ganador.
- ¿Te refieres a la alianza con Daisuke y los suyos?
- No. Me refiero a la alianza con nosotros mismos – sonrió Hizaki -. Pero siento tanta curiosidad... quiero saber qué sucederá.
- Te encantan los enfrentamientos.
- Sí, porque es donde mejor se ve el alma humana que vive en todos nosotros. Es fascinante.
Yuki lo oteó sin decir nada. Muchas veces era incapaz de comprender a su líder, pero lo escuchaba como se escucha a un anciano sabio porque jamás se equivocaba.
- ¿Así que podemos brindar por nuestra victoria? - quiso saber.
- Todo a su tiempo.


Atsushi, el líder del clan de Kioto, estaba en medio de una celebración en el castillo en el que vivía. Muchos vampiros habían sido invitados y también muchos humanos, que desconocían la naturaleza de aquellos atractivos anfitriones. Pronto sabrían a qué habían sido llamados.
Se apartó del grupo de gente con el que había estado hablando y divisó la puerta con la mirada. Seguía viendo cosas y ahora sabía que, quienquiera que viniera a por Mineko, estaba al caer. Podía distinguir dos siluetas, pero no veía sus rostros. Había sido capaz de observar también un combate a las puertas de su territorio, pero no conocía los detalles, y apenas debían de restar unas cuantas horas. No había dicho nada a nadie y la fiesta discurría con total normalidad, pero él quería estar atento.
Después de comprobar que allí todo iba bien, salió del enorme salón y bajó las escaleras, hasta llegar al jardín. Lo que le preocupaba no era quien viniese a buscar a Mineko porque nadie se la iba a llevar a ninguna parte, pero, ¿quién tenía interés en conseguir su enemistad?


No había mucha gente en la estación de tren de Kioto cuando llegaron, tal vez porque todavía era muy temprano para los humanos.
- Hay unos cuantos de los nuestros por aquí – comentó Kaoru.
- Me pregunto si también vigilarán las entradas y las salidas – dijo Toshiya.
De cualquier modo, nadie se interpuso en su camino y pudieron abandonar la estación sin problemas. El castillo donde se suponía que vivía la clase alta del clan de Kioto debía de estar allí cerca, sobre una colina.
- No tienes buen aspecto – dijo él -. Necesitas sangre.
- Me siento desorientada por momentos. Ah, odio ser una carga.
- Ssh – él se llevó un dedo a los labios mientras observaba atentamente alrededor -. Creo que alguien nos ha seguido.
- ¿Quieres decir desde Tokio? ¿Cómo lo...?
De repente, ambos se quedaron callados. Unos metros más allá, un vampiro encapuchado los miraba fijamente.
- No puede ser – murmuró Toshiya.
- Yuana – dijo Kaoru, no menos sorprendida.
Transcurrieron algunos segundos hasta que fueron capaces de reaccionar. Cuando se dieron cuenta, el ayudante de Daisuke se había materializado delante de ellos, y todo lo que se les ocurrió fue echar a correr a una velocidad sobrehumana para tratar de perderlo de vista. Evidentemente, era inútil. Yuana los adelantó enseguida, cerrándoles el paso.
- Esto está más interesante de lo que esperaba – comentó.


Daisuke daba vueltas por su despacho, inquieto. Kaoru no podía haber huido sola, débil como estaba. ¿Quién, entonces, la habría ayudado? No confiaba plenamente en Aya ni en el otro Kaoru, pero ellos estaban allí y ella no podía haberse ido sola. Una parte de él iba y venía, como si estuviese convaleciente... una parte de su alma.
- Mierda... maldita sea...
Llamaron a la puerta y se apresuró a mandar pasar a quienquiera que fuese.
- Hola – dijo Aya.
Él sólo la miró por un instante, observó el resto de la estancia y se dejó caer en el suelo.
- ¿Qué he hecho mal? - preguntó.
- Parece mentira – comentó ella, con sarcasmo -. ¿Me lo preguntas a mí, a quien tuviste cincuenta años prisionera?
- Ella podría haber sido libre, sólo tenía que amarme...
- ¿Y creías que te amaría, habiéndola apartado de su hermano? Ella por ti sólo puede sentir odio, Daisuke, como yo, como todos.
- ¿Por qué estás aquí?
- No lo sé – reconoció la hermosa mujer -. Supongo que todavía siento algo de aprecio por ti.
- ¿Es que alguna vez me apreciaste? Vaya, eso es nuevo.
- Te quería y lo sabes – contestó ella, furiosa -. No puedo ayudarte a encontrarla, pero, si quieres hablar con alguien, yo estoy aquí.
Daisuke se levantó y caminó hacia ella, en parte sorprendido por sus palabras, en parte complacido. Apoyó una mano en su mejilla fría como el hielo.
- Hice lo correcto teniéndote aquí, ahora lo veo.
- No te confundas, yo...
- Gracias por todo, Aya.
Asiéndola por la cintura, fue acercándose más, hasta tenerla a pocos milímetros de distancia. Ella no podía moverse, no porque Daisuke hubiese empleado algún tipo de magia, sino porque había viejos sentimientos enterrados que empezaban a resurgir. Se quedó totalmente quieta mientras él la seguía acariciando y deslizaba los labios por su piel, hasta legar a su boca. Entonces, se apartó bruscamente.
- No hablaba de esto, Daisuke – protestó -. Intentaba apoyarte, pero está claro que no tienes ni idea de cómo tratar a las personas.
- Personas – se burló él -. Ya no lo eres, ¿recuerdas? Desde que hiciste aquello.
- No sé ni por qué sigo aquí. No vales la pena.
- No puedes irte.
Ella abandonó el despacho y cerró la puerta con fuerza. Echó a correr por el pasillo, dejando que le cayeran las lágrimas de rabia y de dolor. De repente, tropezó con alguien.
- ¡Aya! ¿Qué ha pasado? - preguntó Kaoru, que era con el que se había encontrado.
Aya solamente lo abrazó, todavía llorando, y él le acarició los cabellos, tratando de calmarla.


Hacía un rato que Maki se había levantado y leía en una esquina de la habitación, pero de pronto sintió algo extraño. Se levantó sigilosamente y se acercó a la ventana.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Shinya, que estaba tumbado en su futón.
- Creo que está pasando algo – explicó ella -. Creo que... siento la presencia de Kyô cerca, y también la de Toshiya.
- ¿Estás segura? - él se levantó rápidamente.
- Sí, son ellos. Hay un combate o algo por el estilo.
- Pero, ¿qué hacen aquí? Se suponía que Toshiya no iba a salir de Tokio, ¿o para qué hemos venido nosotros?
- No lo sé, pero está aquí, en Kioto.
- Está bien, saldré a ver qué ocurre – dijo Shinya -. Tú quédate aquí, no tardaré en volver.
Dio media vuelta para salir de inmediato, pero Maki lo agarró fuerte por el brazo.
- Espera – dijo, con tristeza en la cara -. Yo también voy.
- Maki...
- No importa que esté enferma, sigo siendo yo. No me trates como si estuviese inútil.
- No es eso.
- Ya sé que no es eso, pero no me pondré bien si sigues sobreprotegiéndome. Quiero ayudar. Y soy yo la que sabe dónde están, así que necesitas que te guíe – antes de que él se opusiera, continuó -. Shin, sé que te estás esforzando por mí, te esfuerzas demasiado... Y ya sé que no puedo sonreír como antes, no puedo ser tan alegre ni tan optimista... pero tienes que dejarme luchar para poder vencer, no lo puedes hacer todo tú solo.
- Pero...
- Te dije que la vida eterna era un regalo si iba a pasarla a tu lado, ¿recuerdas? Da igual lo que pase, eso sigo pensándolo.
De pronto, él rió por lo bajo.
- Parece mentira que me estés diciendo esto. Te dejabas llevar y no hacías nada. No tienes ni idea de lo feliz que me haces.
Maki sonrió.
- Lo conseguiremos los dos juntos – le dijo.
- Claro que sí – acarició la mejilla de Maki. Shinya solía ser un tipo callado, tal vez un poco pasivo, y Maki era siempre la que lo abrazaba y lo besaba cuando tenía ganas. Las cosas habían cambiado un poco cuando ella se había puesto así... -. Vamos, tenemos que ayudar a nuestros amigos.


- Qué interesante es todo esto – comentó Yuana, con una sonrisa -. ¿Conque se trataba de ella? ¿Por eso tenías tantas ganas de entrar a formar parte del clan? Qué conmovedor.
Toshiya recorrió con la vista todos los detalles de aquel lugar. Podían escapar, pero Yuana los alcanzaría de todos modos. Y enfrentarse a él era una locura...
- ¿Por qué me enviaste aquí? Creía que querías que me mataran – dijo -. Pero, en ese caso, ¿para qué ibas a molestarte en seguirme?
- Curiosidad – respondió él -. Me picaba mucho la curiosidad desde el momento en que viniste huyendo de Gackt. Y ya ves que todo era mucho más interesante de lo que yo esperaba. Kaoru, quién lo diría, ¿enamorada de un tipo como éste? Es una lástima, pero lo vas a ver morir ahora mismo y tendrás que regresar con Daisuke. ¿Unas palabras de despedida?
- Déjate de tonterías – replicó ella.
Sin pensarlo, se sacó una daga que llevaba siempre en el cinturón y se abalanzó sobre él, pero Yuana desapareció para materializarse justo detrás de ella, y le habría dado de lleno en la espalda si Toshiya no hubiese intervenido. No logró alcanzar a su enemigo y volvieron a quedar ellos dos frente a él, mirándose.
- Diablos – murmuró Kao-chan.
- La verdad es que me sorprende que os planteéis pelear contra mí – reconoció él -. No tengo más que desear que tu chico arda en llamas para que... uy, se me ha escapado.
Una bola de fuego se dirigió a Toshiya, quien escapó casi en la última fracción de segundo y logró esquivarla.
- No ha estado mal del todo – continuó el aliado de Daisuke -. ¿Qué harás cuando te haya lanzado cincuenta o sesenta? ¿Seguirás teniendo fuerzas para escapar?
- De todas maneras, no está luchando solo – intervino una cuarta voz – porque yo también voy a enfrentarme a ti.
Los tres se volvieron hacia el lugar de donde aquella voz procedía y vieron a un tipo rubio, armado con una katana.
- ¡¡Kyô!! - gritó un asombrado Toshiya.
- Cuánto tiempo – sonrió su amigo -. Veo que estás bastante bien.
- Tú tampoco estás mal – repuso Totchi.
- Bueno, ¿qué dices, Yuana? ¿Te apetece un tres contra uno? - preguntó Kyô – Porque yo todavía te tengo ganas y no he olvidado que eres una rata asquerosa.
En cuestión de segundos estaban inmersos en una batalla, y, aunque eran tres, Yuana tenía todas las de ganar. En cuanto les fallase la concentración, Yuana los heriría. Y Kaoru estaba cada vez más débil. La pelea se desarrollaba en una especie de danza de ataca y esquiva, y nadie conseguía darle a nadie. Por lo menos eran lo suficientemente veloces.


Mineko llevaba un rato observando desde el balcón la batalla que estaba teniendo lugar varios kilómetros más allá. Se dirigió a Atsushi, que estaba en el jardín:
- ¿Les conoces?
- Yuana – contestó él -. No sé qué hace aquí en Kioto y mucho menos con quiénes se está peleando, pero diría que ha perdido facultades.
- ¿Quién es?
- La mano derecha de Daisuke. Hace siglos que no tenemos relación alguna con ellos. Pero no lo entiendo: había visto a alguien que venía a por ti, sin embargo todo lo que veo ahora es a esos tipos luchando.
- ¿No te habrás equivocado?
Atsushi alzó una ceja.
- ¿Cómo dices?
- Perdona, Romeo, por un momento creí que tal vez cometieses errores.
- No lo entiendo...
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mineko yukihiro
Posted: Jul 27 2008, 09:40 AM


So I can´t live... Let's put an end... The Final


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xDD
adórote kao, sigue así!

"- ¿No te habrás equivocado?
Atsushi alzó una ceja.
- ¿Cómo dices?"
non me deixes con un final así.. xD
Top
Kaoru Himura-Takarai
Posted: Jul 27 2008, 10:00 AM


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xDDDD
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