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 Monophobia
Kaoru Himura-Takarai
Posted: Jun 25 2008, 07:22 PM


Master of puppets


Group: Admin
Posts: 2 269
Member No.: 1
Joined: 14-January 07



Este fic lo subiré en dos o tres veces como mucho. Aún no lo he terminado, pero no lo voy a hacer largo.


Monophobia



A media luz, todo lo que distinguían el uno del otro eran pequeñas partes en su cuerpo que resplandecían con el brillo de la luna que se colaba por la ventana. Por supuesto que, a cambio de no poder verse, les quedaban los otros sentidos, les quedaba el acariciarse, el besarse y el saborearse. Y, a pesar de que sus cuerpos eran el de una mujer y el de un hombre, en sus venas latía una naturaleza diferente, salvaje, que les hacía desear más y más del otro, querer acaparar una dimensión que, al fin y al cabo, les estaba prohibida. No estaban vivos y no podían sentir como ellos, pero tampoco les estaba permitido respirar la paz de los muertos. Eran seres encerrados entre dos mundos opuestos. Pero, a pesar de que el deseo de un vampiro jamás se ve del todo satisfecho, allí, el uno en los brazos del otro, parecía que por momentos estaban tan cerca que se convertían en uno solo.
Por suerte, todavía no se les había olvidado lo que era ponerse nerviosos cuando, a escondidas de todos los demás, se quitaban la ropa, ni lo que era mirarse de lejos y saber que todo iba bien mientras ambos estuviesen cerca.
Echando la cabeza hacia atrás, ella se dejó llevar por la mezcla de sensaciones que golpeaban su cuerpo. Él la estaba abrazando mientras hundía unos afilados colmillos en su cuello. Era la sensación más embriagadora que podían sentir, algo más allá de los placeres humanos, algo que les hacía estar más unidos que cualquier lazo familiar real, que cualquier relación mortal. Y, sin embargo, aquel deseo incontrolable, aquel éxtasis, estaba vacío porque le faltaba la inocencia humana.
Ella cerró los ojos al tiempo que dejaba escapar un débil gemido. Le acarició los cabellos al que, al menos en apariencia, era un chico joven, después la espalda. Finalmente apoyó la barbilla encima de su hombro.
Era una noche como tantas otras, en un lugar como tantos otros, entregándose a un sentimiento que no podía ser a ojos de los demás porque pertenecían a especies diferentes. Si bien eran vampiros, criaturas no-muertas y no-vivas, también entre ellos había barreras. Barreras que no podían poner freno a cosas como el amor.

Ya estaba a punto de amanecer; quedaban pocos minutos de noche, y pocos minutos de libertad. Pocas veces podían disfrutar de tantas horas a solas y cuando llegaba el alba ambos lo lamentaban.
- Tengo que irme ya.
La joven estaba sentada frente a la ventana, que tenía la altura de la pared, con un largo camisón de encaje y los cabellos oscuros cayendo sobre su espalda. Se dio la vuelta despacio, como si quisiera que el tiempo siguiera su propio ritmo. Él estaba justo detrás, agachado, y le había hablado al oído.
- ¿Cuándo volveré a verte? - preguntó ella.
- No lo sé. A veces es peligroso tener tanto tiempo para ti porque después no puedo separarme.
- Pues vete pronto para que no sea tan difícil – repuso ella.
El chico la abrazó por la espalda, cerrando los ojos para que nada interrumpiera aquel momento.
- Intentaré escaquearme un día de estos – susurró, besándole el cuello con una ternura poco habitual en aquellas criaturas. Ella respiró profundamente como respuesta.
- Vete ya, Totchi – insistió la mujer.
- Volveré pronto.
Se fundieron en un beso suave pero seguro, uno como miles que habían compartido, pero siempre diferentes y especiales.
En cuestión de segundos, él ya se había ido, y ella observaba la salida del sol a través de la ventana.


El mundo se regía por la lucha entre dos clanes, o tal vez entre dos hombres que sólo deseaban venganza. Habían llegado a un acuerdo pacífico sobre los dominios de cada uno, pero era frecuente que los miembros de uno u otro bando infringiesen las normas por pura diversión, en busca de un motivo para pelear. No se daban cuenta de que, en el fondo, aquella guerra no iba con ellos, aquella era sólo la guerra de dos personas que no se habían podido perdonar.
- ¿De dónde vienes?
Kaoru se dirigió a su tocador, con calma, para dejar allí algunas cosas, mientras unos ojos severos observaban sus movimientos.
- Te he hecho una pregunta.
- ¿De dónde voy a venir? He estado de caza – respondió ella, volviéndose con toda la naturalidad posible. Cada vez era capaz de mentir mejor -. Me he despistado y se ha pasado toda la noche.
- Dime que no has estado con él.
Ella alzó las cejas.
- Me tienes prohibido verle – dijo.
Daisuke se aproximó a ella y apoyó las manos en su cintura.
- Me prometiste que harías lo que yo te pidiera – le recordó.
- Y lo estoy haciendo. No he visto a Gackt.
- ¿Seguro?
- No te estoy mintiendo. Y no me gusta que dudes de mí – dijo la vampira.
- Lo siento, no quería desconfiar de ti, pero últimamente no haces más que desaparecer y no me gusta.
- Ya me has prohibido ver a mi hermano, ¿ahora tampoco puedo estar sola?
Kaoru se apartó de él, molesta e intentando mantener la farsa un rato más. No era difícil, puesto que, a fin de cuentas, era cierto que lo que la había llevado a aquella situación era precisamente querer estar con su hermano. Y aquello le estaba terminantemente prohibido.
- Sólo te pido que no hagas algo de lo que te puedas arrepentir – insistió él -. No me gustaría tener que castigarte.
Ella apretó el puño, conteniendo la rabia, y le dio la espalda, pero Daisuke la obligó a mirarlo.
- No me traiciones, Kaoru.
Pasó las yemas de sus dedos por la mejilla de la chica, que lo miraba a los ojos, y después salió de la habitación, dejándola sola.
Por lo menos, se dijo ella, Daisuke no sospechaba nada de Totchi.


Toshiya vivía en el ático deshabitado de un viejo museo, junto con sus amigos Die y Maitreya. Por el momento, todo estaba tranquilo, no había demasiados problemas y podían vivir más o menos en paz.
- ¿Qué tal está todo allá fuera? - le preguntó Die, viéndolo llegar.
- Vivo – replicó Totchi.
Su amigo suspiró.
- Sé lo que estás pensando, pero ella estará bien así – insistió Toshiya -. Es como debe ser.
- Ya lo sé. ¿Qué has estado haciendo?
- Ya sabes, cumplir órdenes – repuso su amigo, dibujando una enigmática sonrisa que Die no entendió -. ¿Y Mai-chan?
- Está junto al reloj.
Ambos sabían que aquel era el lugar que más le gustaba a la chica cuando necesitaba estar sola: la gran ventana que formaba un reloj semitransparente que adornaba la cornisa del edificio.
Toshiya se dirigió allí para hablar con su amiga.
- Has vuelto – dijo ella, sin volverse.
- No me gusta mucho la luz del sol.
Maitreya lo miró, sonriendo.
- ¿Qué tal te ha ido?
- Bueno, he tenido que dar un mensaje en persona, así que es un poco peligroso. Casi me descubren.
- ¿Has estado con ella?
Él asintió.
- Pero cada vez se vuelve más difícil. Y no sé si cuando todo esto termine tendré el camino libre o si seguiré siendo un enemigo.
- Bueno, ¿cuándo han sido fáciles las cosas? - preguntó ella.
- Lo sé.
- ¿Has sabido algo de Kyô?
- Nada. Hago lo que puedo, Mai.
- Ya lo sé, pero no dejo de pensar en él.
El vampiro le dio una palmadita en el hombro y se alejó.


Kaoru miró alrededor para cerciorarse de que nadie la había seguido. No se sentía a salvo ni siquiera allí, en el lugar donde vivía. Sabía que las paredes veían y escuchaban, que Daisuke siempre la tenía vigilada. Pocas veces conseguía burlar a los vampiros que enviaba a seguirla siempre que salía de casa. La mayor parte de los habitantes de las mazmorras en las que vivían estaban durmiendo en aquel momento, ella misma podía sentir ya la necesidad de descansar, pero era la mejor hora para intentar pasar inadvertida.
- ¿Adónde vas? - preguntó una voz, entre las sombras.
- ¿Puedo saber quién me lo pregunta?
- Alguien que va a ayudarte, tocaya.
- ¿Kaoru?
Un hombre de atractivo aspecto salió de la oscuridad, con una sonrisa dibujada en el rostro.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
- Tu chico me ha enviado – explicó él -. Ahora formo parte de tu clan. Necesitas un amigo aquí dentro.
- Pero, ¿cómo? ¿Cómo has podido unirte a nosotros?
- Bueno, Daisuke y yo hicimos un trato. Me mueven también otros intereses, pero no traicionaría a un amigo, y Toshiya me pidió que te echase una mano. Además, también lo hago por ti. Esta noche me toca vigilar este pasillo. No hay nadie más, así que puedes hacer tranquila lo que tengas que hacer.
Ella lo miró a los ojos y supo que podía confiar en él.
- Gracias.
- Date prisa.
Kaoru echó a andar hasta el fondo del corredor, donde había dos puertas. Una de ellas nunca la había atravesado; la otra era el antiguo dormitorio de Daisuke. Sabía que la puerta estaría cerrada, no sólo por el cerrojo de hierro, sino también por un hechizo protector. Pero había ido preparada y sabía cómo anularlo. Apoyó ambas manos sobre la superficie de madera y ésta enseguida se hizo a un lado. Ella sonrió para sí misma al comprobar que su hermano no se había equivocado.


- ¿La habéis visto? No está en su habitación.
- He estado vigilando todo el tiempo y no la he visto salir – respondió uno de los vampiros que montaban guardia.
- Maldita sea, como haya salido se arrepentirá.
- Tal vez sólo necesitaba dar un paseo. Lo hace a menudo.
- Últimamente estáis un poco...
No siguió hablando porque, si le decía que estaba paranoico, lo más probable era que Daisuke lo matase en el acto.
- ¿Un poco qué? Continúa hablando, por favor.
- Solamente... quería decir que no debéis obsesionaros con ella. Es sólo una chiquilla, aún no sabe de qué va este mundo. No debería preocuparos tanto.
- ¿Sabes, Kisaki? Me parece estupendo que aún queden tipos como tú que tienen opinión propia.
- Gracias.
- Pero es un poco arriesgado. Alguien podría... enfadarse.
Sin más, clavó de lleno la mano en el pecho del vampiro y le arrancó el corazón. Aún consciente por unos segundos, Kisaki pudo ver cómo su señor lo devoraba.


Kaoru (el chico) se dio cuenta de que algo iba mal. Había cierta agitación en el ambiente y sabía que alguien se aproximaba. Tenía dos opciones: correr a avisar a la vampira para que escapara y arriesgarse a que los descubrieran mientras tanto, o bien no avisarla, disimular que allí no había nadie y arriesgarse a que Kaoru fuera descubierta igualmente. Pensó en todo lo que lo había llevado allí y finalmente tomó una decisión. Tan sólo unos instantes después, Daisuke se materializó en aquel pasillo.
- Buenas – saludó Kaoru.
- Lo mismo digo. ¿Ha estado aquí, verdad?
- ¿Quién? Yo no veo a nadie.
- He seguido su rastro, así que no servirá de nada que disimules – replicó Daisuke -. ¿Qué hacía aquí?
- No tengo ni idea, colega. ¿Por qué iba a darme explicaciones a mí? - Soy sólo un guardia. Llegó, estuvo un rato deambulando y se fue. Es guapa, pero no me atraía tanto como para seguirla.
- ¿Por qué no me avisaste?
- No tenía órdenes de vigilarla y no quería interrumpir el sueño real – hizo una inclinación, en tono de mofa.
Daisuke podía oler magia en el lugar donde se hallaba su antiguo dormitorio. Estaba seguro de que Kaoru (la chica) había roto el hechizo y entrado, pero, ¿cómo? No conocía las artes de la magia oscura, era imposible que hubiese descubierto el contraconjuro. Y, ¿para qué querría entrar en aquel lugar donde sólo había objetos sin utilidad? A no ser que hubiese descubierto...
Decidió entrar a echar un vistazo para cerciorarse de que ella no sabía nada.
- Vaya, vaya – dijo, al entrar y comprobar que Kaoru aún estaba en el interior.
Se hallaba sentada en el suelo, con el largo vestido negro extendido y una caja de música entre las manos.
- Así que era eso – Daisuke se agachó junto a ella -. ¿Por qué no me lo dijiste? Esto no tiene ningún valor para mí.
- ¿Decírtelo? Vigilas cada paso que doy, no puedo acercarme a él, no puedo pasarme del límite. ¿Por qué iba a contarte nada?
- Yo te amo. Nunca te prometí que podrías estar con tu hermano, sólo que te permitiría ir a hablar con él, y lo hice. Ahora me perteneces a mí.
Le levantó con una mano la barbilla y la besó. Ella no opuso resistencia porque dejar ver lo mucho que extrañaba a su hermano era la única forma de que Daisuke no supiera la verdad. Sí, era cierto, lo echaba de menos y deseaba poder estar con él, pero en aquel momento estaba canalizando todo aquel manojo de sentimientos de forma frívola, para encubrir sus verdaderas intenciones. Se preguntó entonces qué habría pasado con Kaoru. Si Daisuke estaba allí...
- La caja de música es tuya – dijo él -. Puedes llevártela. Sé que es importante para ti porque fue un regalo de tu hermano cuando cumpliste dieciocho años. El último regalo que te hizo.
Una lágrima se deslizó por el rostro de la vampira, que no dijo nada. Frente a la repulsión que le provocaba Daisuke, sólo podía intentar concentrarse en los recuerdos de la noche anterior, pero parecía que había pasado un siglo desde que estuviera entre sus brazos.
- ¿Cómo pudiste entrar? - le preguntó él.
- Parece que me subestimas continuamente. Tengo mis métodos – la chica se incorporó.
- Vaya – dijo Daisuke, sonriendo -. Eso me sorprende. ¿Tendré que acentuar la vigilancia?
- Si lo consideras necesario... - replicó Kaoru, con tono irónico.
- Eres tú la que me obliga. Entiéndelo.
Ella salió, dejándolo allí solo, y aceleró por el pasillo hasta que alcanzó a su tocayo.
- ¿Todo bien? - preguntó él, en un susurro.
- Todo en orden – respondió ella, sonriendo -. Tengo que pedirte algo, pero no puede ser en este momento. Nos veremos por la noche en la puerta trasera del Bloodpit, ¿de acuerdo? Estaré allí a las doce.
- Está bien. Yo también tengo algo que pedirte.
- Gracias.
- Date prisa – sonrió él.


Era de noche otra vez, el momento en que los vampiros se despertaban y salían a cazar. Totchi sentía la sed en su garganta como una fuerza irrefrenable, pero antes de nada debía ir a hablar con Gackt.
- Me parece que nos separamos aquí – dijo Mai-chan -. Tengo algo que hacer.
- Nos veremos al amanecer.
Ella se alejó con agilidad y el vampiro se encaminó a un elevado edificio. Allí vivía Gackt, controlando la ciudad desde aquella alta torre a la que nada se le escapaba.
- Te estaba esperando – dijo Gackt en cuanto Toshiya hubo entrado en lo que utilizaba como biblioteca -. ¿Se lo has dicho?
- Sí, le he explicado cómo abrir la puerta y lo que tenía que coger. Ahora solamente queda que me lo haga llegar, pero no sé cómo va a hacerlo. Dijo que encontraría la manera. De todas formas, uno de mis amigos ha conseguido involucrarse en el clan de Daisuke y puede que esto nos traiga ventajas.
- Bien pensado. No hay nada que desee más que sacar a mi hermana de allí... Por mi culpa está metida en todo esto.
- Fue su decisión – Toshiya se encogió de hombros -. No se arrepiente.
- ¿Te lo dijo ella?
- Sí. Ella quería seguirte.
- Pero por mi culpa... Yo sólo quería que tuviese una vida normal – protestó Gackt -, no esto. Y está ese maldito que la retiene a su lado...
Toshiya desvió la mirada para no dejar ver lo que sentía. Nadie odiaba tanto como él que Daisuke la tuviese controlada, que no le dejase dar ni dos pasos sola. Lo que más deseaba era sacarla de aquel infierno y no tener que pelearse con el resto del mundo cada vez que quería verla. Cada día que pasaba se volvía más difícil.
- ¿Has hablado mucho con ella de esto? - quiso saber Gackt.
- Bueno... necesita desahogarse con alguien.
- Ya veo. ¿Y qué te dice?
- Eh... Muchas cosas – el vampiro se puso un poco nervioso. No quería que lo descubriesen, pero aquel tipo de preguntas lo incomodaban -. Por el momento puede aguantar, pero Daisuke controla cada paso que da. No tiene ningún amigo en ese clan, todos están en su contra.
- Ojalá pudiera sacarla de ahí... Ella es lo único que aún me importa.
Toshiya disimuló una sonrisa.
- ¿Qué pasará cuando me haga llegar eso que le pediste? - preguntó.
- Es un primer paso para destruir a ese tipo. Cuando acabe con él, entonces tendré el dominio sobre toda la ciudad y Kaoru podrá ser libre.
Él asintió.
- Yo te ayudaré en lo que necesites.
Gackt lo observó con curiosidad por unos momentos. Podía leer en su mirada.
- ¿Tú la amas?
- ¿Qué? No, claro que no.
- ¿Te ama ella a ti?
Totchi suspiró.
- Sí. A las dos cosas.
- Ahora entiendo por qué te has empeñado en ayudarme. No era por mí. Como te atrevas a hacerla sufrir – advirtió -, acabo contigo.
- Nunca le haría daño.


Maitreya había estado investigando mucho. No sabía dónde estaba Kyo, sólo que deseaba encontrarlo. Había tenido que salir de la ciudad porque lo habían desterrado, pero ella estaba convencida de que volvería tarde o temprano.
Tras andar durante un buen rato, había llegado a una avenida llena de chalés y se hallaba en pie frente a una casa de donde procedían los amortiguados sonidos de las voces de los niños y del televisor. Aquélla era la casa en que Kyô vivido, hacía muchos años ya. Habían pasado tantas cosas en aquel lugar... La vampira se acercó un poco más para poder ver a través de las ventanas. Entre aquellas paredes, él se había hecho adolescente al lado de su hermana. Ya no quedaba nada de aquella época, sino que todo había sido reformado y nadie se acordaba ya del abuelo que había desaparecido teniendo sólo veinticinco años.
El salón era amplio y en él aún se veía lo que había sido una chimenea mucho tiempo atrás. Una niña y un niño prácticamente iguales (tal vez mellizos) se peleaban por un coche teledirigido y su madre les reñía, mientras el padre y el abuelo rechistaban porque no podían escuchar la televisión.
Aquel hombre mayor, el abuelo de los críos, era el nieto de la hermana de Kyô, Yui. Viendo a aquella familia, Maitreya no sabía dónde podría encasillar al vampiro en una vida normal.
- ¿Queréis estar quietos? - dijo la madre de los críos, sacándoles el juguete de las manos – Mañana vais a estar haciendo deberes todo el día.
- ¡Fue culpa de Kyô, él me lo quería quitar! - gritó la niña, echando a llorar.
Mai se quedó atónita. Había oído bien, el niño se llamaba Kyô. Y ella...
- ¡Yui, no le eches las culpas a tu hermano! Los dos os estabais peleando, así que es culpa de los dos.
Sonrió y se preguntó si su Kyô sabría aquello. No los habían olvidado, a ninguno de los dos, y de algún modo ellos seguían vivos en aquella familia.


Kaoru entró en el local Bloodpit al lado de Daisuke. Estaba lleno de humanos dispuestos a dejarse morder y ella se moría de sed.
- Me voy a echar un baile por aquí – comentó ella, con una sonrisa que quería decir que iba a buscar de comer.
- Quiero verte dentro de una hora – dijo él -. Esta noche no te me volverás a escapar.
- Claro.
Avanzó hasta el centro de la discoteca, donde se hallaba la pista de baile y echó un vistazo alrededor. Localizó a Daisuke al fondo, acercándose al sillón de cuero que solía ocupar. Lo acompañaba Yuana, uno de sus hombres de confianza. Muchos otros vampiros estaban repartidos por la sala, unos en compañía de humanos y otros hablando entre ellos. Algunos no le sacaban los ojos de encima y Kaoru estaba segura de que la seguirían adonde fuese. Tenía que deshacerse de ellos como fuera. Moviéndose por entre la multitud, vio a Kaoru, el amigo de Toshiya, que estaba ocupado bebiendo las últimas gotas de sangre de una chica rubia. Aún así, él notó su mirada y se la devolvió.
Ella siguió caminando y se apoyó en la barra. La camarera, una vampira de labios rojos y larga melena oscura, le sonrió.
- ¿Lo de siempre?
- Sí – suspiró ella -. Olivia, necesito pedirte un favor – dijo Kaoru, mientras veía cómo la otra le servía una buena cantidad de sangre dulce en una jarra.
- Siempre que esté en mi mano...
- Necesito perderlos de vista por un rato. No será mucho tiempo.
Olivia le dio la jarra y la miró a los ojos.
- La última vez desapareciste toda la noche y me metiste en muchos problemas.
- Lo sé y lo siento. Sólo será media hora – aseguró -. Necesito hablar con alguien.
- Tu concepto de hablar con alguien es diferente del mío, Kaoru, y no quiero que me liquiden por tu culpa. Lo siento.
- Olivia, por favor. Es importante. No es con quien tú crees con quien voy a hablar. La otra vez cometí un error, pero no volverá a pasar.
Viendo que la camarera le daba la espalda, Kaoru se sacó del bolsillo algo parecido a una moneda antigua.
- Esto es un recipiente – le explicó -. D ha utilizado varios para dividir su alma – añadió, en un susurro, refiriéndose a Daisuke sólo por su inicial – y mi hermano sabe cómo destruirlos. Si Gackt consigue acabar con él y controlar toda esta área, Uruha y tú volveréis a estar en el mismo bando. No sé si lo entiendes.
- ¿Y quieres ir a ver a tu hermano? No lo conseguirás.
- No, no es eso. Pero hay alguien que puede ayudarme.
- Toshiya.
- No, no es él. Es un amigo suyo. Si le doy esto, se lo hará llegar. Por favor, confía en mí. No me llevará más de media hora, te lo juro.
- Si tardas un segundo más, lo contaré todo.
- Gracias, Olivia. Algún día verás que esto también lo hago por ti.


Toshiya regresaba caminando después de hablar con Gackt y de procurarse una cena. Llevaba en la mano una carpeta con información que Gackt le había conseguido a cambio de la ayuda que él le prestaba enviando mensajes a Kaoru. Kaoru... ¿cuándo podría volver a verla? No siempre podía presentarse él para darle la información de parte de Gackt porque cualquiera podría darse cuenta y sería demasiado sospechoso. La mayor parte de las veces, tenía que encargarle a otro vampiro la misión de llevar el mensaje a la chica, y después lo mataba. No podían permitirse dejar cabos sueltos y mucho menos testigos.
Se sentó en un banco y abrió la carpeta. Un montón de páginas cubiertas con datos tales como registro de nacimiento, libro de familia o notas escolares. Había también una imagen, la de un niño de unos seis o siete años, normal, como todos. No se parecía en nada al Kyô actual.
- Hola.
- Hola, Mai-chan – saludó su amigo, sin necesidad de mirarla.
Los ojos de ella se fijaron en aquella fotografía, y no apartó la vista de allí mientras se sentaba.
- ¿Has averiguado algo? - preguntó él.
- No. ¿Y tú?
- Sólo se me ocurre que haya vuelto a algún lugar de su infancia. Y, en ese caso, tendríamos que ir a Kyoto, que es donde vivió hasta los once años.
- Iré adonde sea.
- Todo lo que tenemos son datos sobre cuando estaba vivo, Mai. No es seguro que lo vayamos a encontrar allí.
- Pero es lo único que tengo – respondió ella -. Voy a ir.
- Sabes que no puedo acompañarte.
- A estas alturas, sé cuidarme sola – replicó Maitreya -. Necesito encotrarlo, ¿entiendes?
- Lo entiendo, sí. Pero te llevará un tiempo, necesitas pedir un permiso para abandonar la ciudad.
- Bueno, ya veremos.
- No conseguirás salir de otra forma, está todo vigilado.
- Buscaré la forma. No le digas nada a Die de momento, por favor. Mantenlo en secreto mientras puedas.
- ¿Te vas a ir ya?
- No quiero perder más tiempo. ¿Cuánto hace que se fue? ¿Un año? Se me ha hecho eterno. No puedo seguir esperando cruzada de brazos, Totchi. No será fácil, pero tengo que hacerlo.
- Está bien. Intentaré darte tiempo porque en cuanto Die se entere querrá ir detrás de ti. Ten cuidado, ¿de acuerdo? No quiero perderte a ti también.
- No te preocupes, estaré bien. Espero que cuando nos volvamos a ver las cosas estén mejor.
- Yo también lo espero.


- Me sorprende que no nos hayan seguido, ¿cómo lo has hecho? - preguntó Kaoru (el chico).
Su tocaya se dejó caer en un escalón en el suelo.
- Adoro estos momentos en que sé que nadie me está mirando desde las sombras. Es casi como volver a vivir...
- La vida no nos la va a devolver nadie.
Permanecieron unos minutos en silencio.
- ¿Cuándo vas a ver a Totchi? - preguntó la vampira.
- Espero que sea esta misma noche. Ya sabes lo complicado que es atravesar al otro lado, a los dominios de Gackt, sin embargo tengo una cierta ventaja, ya que la mayor parte de los guardias no saben que ya no pertenezco a los suyos.
- Aprovéchalo, entonces – dijo ella -. Necesito que le entregues esto, es muy importante.
- Posó sobre la palma de su mano una especie de moneda con letras antiguas.
- ¿Qué es esto? - preguntó él, algo decepcionado.
- Gackt sabrá qué hacer con él. Comprende que no te lo puedo contar. No es que no confíe en ti, que ya me has demostrado que puedo hacerlo, pero se trata de una medida de seguridad.
- Está bien, no hay problema. ¿He de hacer algo más?
- No, por el momento no he recibido más instrucciones y es mejor ir poco a poco que arriesgar demasiado de una sola vez. Tú también querías pedirme algo, ¿verdad? Haré lo que sea para agradecerte tu ayuda – dijo ella.
- No necesito que me agradezcas nada, pero... Quiero contarte una historia.
- Te recuerdo que sólo nos quedan veinte minutos.
- Sobrarán tres.
Ella asintió y se puso en pie para escucharlo.
- Hace varios pares de siglos, yo vivía en una casa con mi esposa. Me había casado joven para cumplir las expectativas de mi padre. Ella era joven y hermosa, pero yo no podía hacerla feliz. No estaba preparado para hacer feliz a nadie y éramos casi como dos extraños. Una noche, una mendiga llamó a nuestra puerta, pidiéndonos que la alojásemos aquella noche. Mi esposa se negó al principio, recelosa, e incluso yo tuve mis dudas, pero algo en la mirada de aquella mujer me hipnotizó. Poco tiempo más tarde, estaba sentada en nuestro sofá, haciéndonos compañía y dándonos una conversación que nunca se producía en nuestro hogar.
Kaoru (el chico) empezó a pasear de un lado al otro, pendiente de sus propios pasos.
- Me desperté en mitad de la noche con un sobresalto. Al principio, no me di cuenta de nada, pero entonces lo sentí: el olor de la sangre. A mi lado me encontré con mi esposa muerta, con el cuello roto y la sangre brotando como si fuese agua. Y aquella mujer bebía de su sangre. Me levanté e intenté apartarla de allí, forcejeamos un momento, pero enseguida me tuvo inmovilizado. Era mil veces más fuerte que yo, y de pronto me di cuenta de lo hermosa que era, un ser sobrenatural. Le supliqué, casi llorando, que no me matara, y cuando me mordió vi pasar toda mi absurda vida por delante de mis ojos. Lo siguiente que recuerdo es estar en un lugar lejano, junto a un jardín con fuentes, abrazándola y diciéndole que la amaba.
- ¿Te enamoraste de ella?
- De la persona que mató a mi mujer y que me convirtió en esto, sí. Al principio, por lo que he oído, estaba descontrolado y maté a muchísimas personas. No podía controlarme. Pero ella me enseñó. Le prometí que la amaría eternamente, y ahora está como dormida, retenida en algún lugar de esas mazmorras por el cabrón de Daisuke.
- ¿Es eso cierto? ¿Por qué, de qué la conoce Daisuke?
- No lo sé, pero es él el que se la llevó de mi lado hace cincuenta años. Cuando me uní al clan, le prometí a Daisuke que haría todo lo que él me mandase si a cambio me la devolvía. Así que espero que entiendas que no voy a poder ayudarte siempre porque ahora soy un enemigo para ti.
- Pero creía que podía confiar en ti. Tú me ayudaste la otra noche, Kaoru.
- Lo sé – respondió él -, y créeme, daría mi penosa existencia por mi amigo Toshiya e incluso por ti. Pero no a costa de Aya.
- ¡Pero Daisuke te está manipulando! - exclamó ella - ¿De verdad te crees que te la va a devolver felizmente? Si la ha retenido durante medio siglo, debe de tener sus razones.
- Sí, pero, ¿qué otra cosa me queda? ¿Esperar?
- Si nos ayudas, si conseguimos que Gackt venza...
- Es una hipótesis – replicó él -. ¿Cuándo va a vencer? ¿Cuando reúna todos los recipientes? Sí, sé lo que es – dijo, ante el asombro de ella -. No tiene ni idea de lo que Daisuke ha hecho para volverse tan fuerte. Ni siquiera lo sé yo, pero, ¿dividir su alma? No seas absurda, ¿desde cuándo Daisuke tiene alma?
- Gackt va a vencer... estoy segura.
- No, Gackt va a morir, va a desaparecer del mapa y entonces todos deberán arrodillarse ante tu querido amo. Es así, yo ya no creo en milagros.
- No se lo vas a llevar a Totchi.
- No. Se lo daré a Daisuke y él me enviará a que les lleve un recipiente falso – explicó el hombre -. A ti te castigará.
Ella lo miró a los ojos mientras se le caían unas cuantas lágrimas por las mejillas. Se sentía estúpida por haberse fiado de aquel tipo. ¿Cómo había podido creer que la ayudaría?
- Lo siento, tocaya, te juro que lo siento. Pero no puedo arriesgarme a perderla para siempre, ¿entiendes?
- Lo entiendo – respondió ella, sin dejar de llorar -. Lo entiendo, pero te odio por haberme hecho creer que por fin tenía a alguien con quien contar.
- De todas maneras, es un hecho que voy a ver a Toshiya. ¿Quieres que le diga algo de tu parte? Eso sí lo haré.
- Dile... dile que no me voy a rendir, y pídele que él tampoco lo haga. Por favor.
- Lo haré – asintió Kaoru -. Ahora voy a delatarte. Tu amiga, la que te ha ayudado a entrar, será castigada también; tal vez quieras impedirlo. Te daré quince minutos, que son los que restan del tiempo que ella te facilitó. Después nada dependerá de mí.
La vampira atravesó a toda velocidad la puerta de vuelta al local, que quedaba oculta de la mayor parte de las miradas, y llegó enseguida a la barra, a ocupar el lugar que hasta un minuto antes pertenecía a una imagen astral de sí misma. Aquél era el poder de Olivia, crear proyecciones astrales sólidas y perfectas a partir del ADN de otras personas.
- Olivia, debes irte – dijo Kaoru.
- ¿Cómo?
- Era un traidor. Me engañó y va a delatarme delante de Daisuke. Él se dará cuenta de que tú me ayudaste y también te castigará a ti. Necesitas huir.
- Maldita sea, te advertí que... ¿Cómo se supone que voy a escapar?
- Hay algo con lo que ni Daisuke ni Kaoru cuentan – explicó su amiga -. Ambos conocen tu poder, pero no saben que puedes tomar apariencias prestadas. Kaoru juega con un punto a favor, y es que casi nadie sabe que se ha cambiado de bando, con lo cual puede engañar a unos y a otros. Si te transformas en él, podrás escapar sin problemas.
- Necesito una muestra de su ADN. Así no puedo.
- He tomado precauciones – dijo Kao-chan, tendiéndole un par de cabellos -. Tienes que irte ya o será demasiado tarde.
- ¿Y dejarte aquí sola? - dijo Olivia – Soy la única aliada que tenías aquí dentro.
- Pero no quieres que acaben contigo. Además, si le cuentas todo esto a mi hermano, él te protegerá. Dile que viste el interior del forro de la caja de música que me regaló, así te creerá. Cuéntale que Kaoru nos ha traicionado, pero que no ha dejado de ser nuestro amigo. Y entonces podrás volver a estar con Uruha.
A Olivia se le cayeron algunas lágrimas de agradecimiento.
- Cuando Kaoru intente atravesar la barrera, no le dejarán porque tú ya lo habrás hecho antes bajo su aspecto.
- ¿Quieres que haga algo más?
- Dile a mi hermano que los recipientes no tienen el poder que creíamos, que tiene que haber algo más.
- ¿Y a Toshiya? ¿Qué le digo a él?
- A él... dile que estoy bien.
- Pero no lo estarás – protestó Olivia.
- Tú díselo. Y que nos volveremos a ver en cuanto haya luna llena. Ahora date prisa, ya hemos perdido demasiado tiempo.
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Izumi Kaede
Posted: Jun 26 2008, 07:41 PM


"sono mune ni aru kurayami wo sotto terasou"


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wwiii
ya lo leiiiii yua yaaa
a ver si escribes mas juju
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Kaoru Himura-Takarai
Posted: Jun 26 2008, 08:44 PM


Master of puppets


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Lo mismo te digo xD
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Kaoru Himura-Takarai
Posted: Jul 4 2008, 12:14 PM


Master of puppets


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Die caminaba por debajo de la lluvia, que empezaba a mostrarse amenazante. Quería verla, pero cada vez que se acercaba a velar su sueño el dolor se iba haciendo más fuerte. Ella era tan diferente, tan humana... En sus venas latía una vitalidad que él no podía recuperar. Se sentía fascinado por ella, que comprendía cuál era su naturaleza y no lo juzgaba.
En medio de su caminata, se topó con Shinya, uno de sus amigos. Fueron juntos hasta la plaza donde solían verse para hablar. Tal vez a causa de la lluvia, estaba desierta.
- ¿Vienes de ver a Yelan? - preguntó Shinya, con curiosidad.
- No debo volver a hacerlo, pero no puedo evitarlo. Mi cabeza me dice que no vuelva a acercarme, pero mi instinto me lleva a ella.
- ¿Dejarías de amarla si fuese inmortal?
- No lo sé – repuso el pelirrojo -. La amo por lo que es, por su esencia, y no sé si su alma sobreviviría a la inmortalidad. Ni quiero comprobarlo.
- Entonces, hazle caso a tu cabeza, o le harás daño sin darte cuenta.
- Pero es verla cada noche lo que me mantiene “vivo”. Igual que te pasa a ti.
- Bueno... supongo que sí. Aunque Maki es diferente de todos nosotros.
- Lo sé, pero la envidio.
Shinya miró hacia las estrellas.
- Quiero que se ponga bien.


Kaoru se cayó de rodillas sobre el suelo. Tenía el cuerpo magullado, pero no podía sentir dolor. Encerrada entre cuatro muros sin ventanas, a solas con Daisuke, lo que menos le importaba eran las heridas.
- Te avisé, Kaoru, te dije que no quería castigarte y aún así intentaste jugármela. Y ahora te voy a quitar lo que más te duele: la libertad. Vas a permanecer aquí hasta que me jures lealtad eterna.
- Te equivocas – respondió ella, desde el suelo.
- ¿Cómo dices? - Daisuke la asió del cabello para mirarla a los ojos. Kaoru estaba inmovilizada.
- He dicho que te equivocas. Lo que más podría dolerme, eso nunca lo tocarás; antes, yo misma te desmembraría.
- Cuidado con tus palabras, podrían traicionarte.
El vampiro la obligó a echar la cabeza hacia atrás y la mordió en la parte delantera del cuello. Kaoru intentó concentrarse en el odio, en la repulsión, pero la sangre fluyendo hacia la boca de Daisuke la hacía sentir viva. Pensó en Toshiya, en su querido Toshiya, al que no sabía cuándo volvería a ver, y trató de recordar cómo se sentía cada vez que lo abrazaba. Por un instante, su mente viajó en el tiempo, hasta aquella noche en la vieja biblioteca. Alguien lo suficientemente convincente le había dicho que, si iba a aquel lugar, volvería a tener noticias de su hermano después de aquellos ciento trece años. Se abrió paso entre las filas de libros y se aproximó a la ventana. Fuera estaba nevando.
- Hola.
Se volvió lentamente y descubrió tras ella a un vampiro de cabellos castaños, alto y delgado.
- Soy Toshiya, Gackt me ha enviado a hablar contigo.
- ¿Qué sabes de mi hermano? Por favor, dímelo todo, necesito saber de él.
- Quiere que sepas que se encuentra bien – explicó Toshiya -. Tiene planes para derrotar a Daisuke y los suyos y formar un imperio propio. Cuando eso ocurra, volverás a su lado.
- ¿Qué ha estado haciendo durante todo este tiempo?
- Ha investigado. Sabe cosas que antes desconocía, pero te necesita para llevar a cabo sus planes. También quiere saber cómo estás tú.
Ella guardó silencio, mirando al vampiro, y entonces se echó a llorar.
- Estoy mal... quiero escaparme de aquí...
El vampiro se acercó y la abrazó, intentando calmarla. Aquella noche, hablaron durante muchas horas.

Cuando Daisuke la soltó, Kaoru se sentía débil e indefensa, y de sus ojos brotaban lágrimas de sangre.
- Hay algo que nunca me quitarás – le dijo, con odio.
- Vas a tener que suplicarme que me apiade de ti.


Toshiya volvió rápidamente sobre sus pasos. Había ido a ver a Gackt hacía un rato, pero acababa de escuchar que su amigo Kaoru había vuelto y quería hablar con él. Subió las escaleras enseguida y se dirigió a uno de los colaboradores directos de Gackt, You, que estaba en el vestíbulo.
- Hola, Toshiya. Creía que ya habías venido esta noche, ¿ha pasado algo?
- Me han dicho que Kaoru ha regresado y necesito hablar con él. ¿Sabes dónde está?
- Bueno, no ha regresado exactamente Kaoru.
You lo guió hasta el tercer piso, donde Gackt estaba reunido con Olivia, alguien a quien Toshiya apenas conocía, pero de la que sabía que había acabado en el bando de Daisuke accidentalmente y que era la única persona con la que Kao-chan se atrevía a contar. Sentía curiosidad por conocerla, pero más aún por saber qué hacía ella allí, dónde se había metido su amigo y qué sabía de su amada.
- Es mejor que no los interrumpas – le recomendó You -. Después podrás hablar con ella o con Gackt para que te lo expliquen todo. Bueno, si es que confían lo suficiente en ti – añadió.
Toshiya lo vio alejarse, preguntándose qué habría querido decir. Gackt siempre había confiado en él, lo único que había cambiado es que ahora sabía que él amaba a su hermana.
Poco rato después, aquella puerta se abrió y de ella salió una mujer de larga melena castaña y gran belleza. Toshiya la observó; tenía que ser Olivia.
- ¿Eres tú Olivia? - le preguntó – Me llamo Toshiya, yo...
Ella le dirigió una mirada cargada de tristeza y pasó de largo. El vampiro la siguió.
- Por favor, tengo que preguntarte muchas cosas. ¿Qué ha ocurrido? Me dijeron que mi amigo Kaoru había vuelto, pero ahora resulta que has venido en su lugar. ¿Él está bien? ¿Y Kao-chan?
- Huye – dijo ella, en voz baja.
- ¿Cómo?
- Huye de esta ciudad, y hazlo cuanto antes.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Hazlo o morirás.
Olivia siguió descendiendo por las escaleras, cada vez más deprisa, y él se volvió al sentir la presencia de Gackt a su espalda.
- ¿Qué ha pasado? - le preguntó – ¿Y Kaoru? Olivia parecía muy nerviosa.
- Parece ser que tu amigo no ha podido regresar... ella lo ha hecho en su lugar.
- Pero, ¿él está bien?
- Mejor que bien, diría yo.
Su líder se marchó también, y Toshiya se quedó desconcertado. ¿Por qué You le había dicho aquello? ¿Por qué Olivia le había advertido que huyera? ¿Quién quería acabar con él?
<<No puedo irme>>, pensó, <<No puedo irme y dejarla a ella en manos de ese cretino>>.



Kaoru tenía la mirada clavada en el suelo, en ningún punto fijo puesto que ni siquiera era capaz de enfocar bien. Estaba sentada, o eso creía, aunque ni siquiera sentía la mayor parte de sus músculos. Tampoco podía pensar. Se le estaba agotando la fuerza que la mantenía consciente. Ni siquiera escuchó el sonido de la puerta, ni el de los pasos que se acercaban. Tampoco sabía ya dónde estaba, sólo que hacía mucho, muchísimo tiempo que vivía entre aquellas paredes, y que ya no recordaba el sabor de la sangre. No sentía ni pensaba, era algo cercano a la paz, pero también a la desesperación. Las pocas veces en que algún pensamiento se colaba en su cabeza, sólo hablaba de morir.
De pronto, el color negro del suelo pareció aclararse un poco, aunque sólo lo podía ver tras una mancha borrosa. Como si su piel estuviese muy lejos de sus nervios, notó una caricia en su mejilla, que parecía haberse desplazado a muchos metros de distancia. Iba sintiendo cosas, como si su cuerpo estuviese renaciendo. Los párpados se le cerraron solos al contacto con la luz y su boca quiso gritar, pero parecía haber perdido la voz. Fue moviendo los dedos muy despacio y sintió que había algo junto a sus manos, pero no podía distinguir de qué se trataba. Cuando de nuevo abrió los ojos, brotó un millón de lágrimas de ellos. Una voz hacía eco en sus oídos, pero no podía entenderla, ni siquiera la reconocía.
Pronto notó la ropa que llevaba puesta, el cabello por detrás de la nuca y algo semejante a otra caricia mucho más cerca, como si su mejilla estuviese volviendo con ella.
- Tranquila, todo está bien.
Levantó débilmente uno de sus brazos, buscando a la persona que le había hablado. Conocía aquella voz, era... la de él. Intentó pronunciar su nombre, pero sólo consiguió emitir un gemido ahogado.
Lo siguiente que supo es que él la estaba besando y entonces pudo distinguir su rostro, un poco borroso, pero allí, junto a ella.
- ¿Estamos en el Cielo? - se oyó a sí misma preguntar.
- Estamos en la boca del Infierno. Pero saldremos de aquí.
Acarició el rostro de Toshiya con una mano temblorosa, pero él le puso su muñeca abierta delante de la boca.
- Bebe, todavía estás muy débil.
Obedeció, y con cada gota sus sentidos iban desperezándose un poco más.
- Tengo que irme ahora o me meteré en problemas – dijo él -. Por lo menos ya estás bien, llevo dos días viniendo aquí a darte sangre y a tratar de reanimarte.
- ¿Dos... días? Pensé que había sido hace unos minutos...
- Es normal. Pero tienes que prometerme que no te moverás. Daisuke podría venir y no debe saber que te he dado de beber. Quédate mirando al vacío y sin moverte, y no notará nada. La última vez que vino ni siquiera se acercó.
- Pero... ¿qué... qué ha pasado?
- Te lo explicaré en cuanto pueda regresar, te lo juro.
- ¿De... verdad que volverás?
- Claro que sí, antes de lo que piensas. No estarás sola nunca más.


Maitreya estaba sentada en un banquito, en medio de un parque de Kioto. Llevaba un mes allí, investigando y encontrando referencias que no le llevaban a Kyô, sino a un niño que había vivido allí mucho tiempo atrás, junto a sus padres y a su hermana.
- Mai-chan – dijo alguien a sus espaldas.
Era la primera vez en casi treinta días que alguien la llamaba por su nombre, así que se le aceleró el corazón, convencida de que al girarse se encontraría con Kyô.
- Shin.
Se miraron durante unos instantes y al fin Shinya se aproximó.
- No esperaba encontrarte – reconoció -. ¿Qué tal estás?
- Bueno, sobreviviendo. ¿Qué haces tú aquí?
- Es una larga historia. Ocurrieron muchas cosas cuando te marchaste.
- ¿A qué cosas te refieres? Empiezas a asustarme.
- Es una larga historia, pero te diré que estoy aquí para cubrirle las espaldas a Toshiya.
- ¿Cubrirle las espaldas? Estoy creando un rastro falso. Llevan un mes siguiéndome, creyendo que es a él a quien van a atrapar.
- Pero, ¿quién? ¿por qué?
- Gackt quiere matarlo porque ahora conoce su relación con Kaoru. Espero que siga a salvo allí, en Tokio. Yo por el momento debo seguir con la farsa.
- ¿Y Maki?
- Ella está conmigo. Llevo, además, un mes buscando sin descanso una forma de curarla, pero aún no la he encontrado. No parece la misma Maki de antes...
- Y... ¿Die?
- No lo sé, tampoco he vuelto a saber nada de él. Creo que hemos acabado cada uno por un lado. ¿Tú has tenido suerte en tu búsqueda?
- He encontrado muchas cosas – explicó Maitreya -, pero no a Kyô. Sin embargo, creo que está más cerca de lo que imagino.
- Te deseo mucha suerte, Mai-chan.
- Casi echo de menos estar allí en Tokio, en la época de la guerra – dijo ella -. Al menos estábamos todos juntos.
El vampiro no respondió. Para él la guerra había supuesto demasiado y le había dejado a Maki una cicatriz que todavía no había sanado.
- ¿Vas a quedarte en Kioto mucho tiempo?
- Vienen detrás de mí, pero creo que puedo tener unos días de ventaja. Me gustaría ayudarte con lo de Kyô, pero ahora mismo tengo otras prioridades. Lo siento.
- No, lo entiendo – dijo Maitreya -. No le he pedido ayuda a nadie porque sé que todos tienen preocupaciones mayores. Por eso seguiré buscándole yo sola.
- ¿Has visitado la tumba de Yui?
- ¿La tumba de Yui?
- Sí. Una vez hace ya muchos años, Kyô me comentó que no había venido nunca a su tumba. Era algo que decía que tenía pendiente, pero no se atrevía a venir.
- ¿Por qué?
- No lo sé.


Toshiya se deslizó por el pasillo, donde todos los guardias parecían estar atentos a sus movimientos. No obstante, él sabía que estaban dormidos. Daisuke seguía encerrado en aquel cuarto en compañía del líder del clan de Yokohama, Hizaki, un vampiro terriblemente poderoso que le había ofrecido formar una alianza. Habían transcurrido cerca de veinticuatro horas desde que los dos se metieran en aquella sala para hablar.
- Es la quinta vez que vienes a mirar si han terminado – dijo Kaoru, su amigo, acercándose a él.
- Me conviene tenerlo ocupado. ¿Me has estado vigilando, Kao?
- A mí no me afecta su magia.
Kaoru miró a los ojos a su amigo, con cierta socarronería. Toshiya se dio cuenta de que él sabía todo lo que estaba pasando y se preguntó si debería en ese caso haberse fiado de Aya. Ella le había dicho que le ayudaría durmiendo a todos los guardias para que él pudiera moverse a su antojo por las mazmorras.
- ¿Por qué lo haces? - le había preguntado – Kao está haciendo todo esto por ti, por eso ha elegido colaborar con Daisuke.
- Precisamente por eso lo hago, porque no quiero que traicione a sus amigos por mí.
Toshiya suspiró. Ojalá pudiese leer en la mente de los demás; tenía la estúpida manía de fiarse de todos y al final nadie tenía buenas intenciones. Le había ocurrido con Gackt, con Kaoru y ahora también con Aya. Sólo le quedaba Kao-chan. Y por ella tenía que buscar una salida, una forma de negociar para conseguir salir de aquel lugar.
- Tienes un par de horas hasta que Daisuke y Hizaki salgan – explicó su amigo -. Aya no puede mantener el hechizo en un lugar muy amplio, así que solamente mantiene dormidos a los que estamos en las dos plantas inferiores. Si quieres aprovechar este tiempo para huir, tendrás que enfrentarte a los de arriba, a los de fuera y a los de las fronteras.
- No lo conseguiré. Y Kaoru está demasiado débil como para huir o luchar. Pero, ¿por qué no aprovechas tú este tiempo para escapar con Aya?
- Porque ella no quiere irse.
- Esperaré a una ocasión mejor.
- Pues lo vas a tener crudo porque dentro de dos horas todo volverá a la normalidad. ¿Cómo piensas ayudar a tu chica?
- ¡Pero no puedo escapar ahora! No llegaremos ni a la salida. Y no me des consejos absurdos, Kao, hace tiempo que no confío en ti. Aún no te he perdonado.


Kaoru se sentía muy débil, sin fuerzas para nada. Era horrible estar así, necesitaba salir de aquel lugar y huir de Daisuke. No sabía muy bien cuánto tiempo había transcurrido ni por qué estaba allí encerrada, pero no quería volver a verle la cara a aquel tipo. No se arrepentía de haber dado su vida por seguir a su hermano, pero el precio a veces resultaba demasiado alto. Le esperaba una eternidad sometida a los deseos de Daisuke y, aunque lo había hecho todo por Gackt, no podía soportar la idea de ir a pasar cientos, miles de años allí.
Recordó aquella noche, cuando se despertó y vio entrar la luz de la luna a través del cristal. También se filtraba por ella una suave brisa que la hizo percatarse de que alguien había estado allí, puesto que ella había cerrado la ventana antes de acostarse. Se levantó, frotándose aún los ojos, y se asomó. El jardín de la casita en la que vivía con sus dos hermanos seguía como siempre, hermoso y muy cuidado. Se fijó en la luna llena que presidía la oscuridad: parecía teñida de un extraño tono rojizo. Por alguna razón, de pronto se sintió muy triste, y no comprendió el motivo hasta que dio media vuelta y se fijó en la mesita de noche. Encima de ella descansaban una hoja de papel doblada y una rosa roja.
<<Kaoru,
no quería despertarte y tampoco podía quedarme mucho tiempo. Quiero que tengas una vida larga y feliz, al igual que nuestro hermano Takki. Cuidaos mutuamente; yo ya no volveré. No perdáis el tiempo buscándome porque ya no soy la persona a la que conocíais. No lamentes mi falta, ya no me necesitarás.
Te quiero y siempre te querré>>.

Al recordar aquella nota escrita rápidamente, Kaoru sintió de nuevo el impulso de llorar. Desearía poder volver atrás y recuperar aquella vida perdida.
También recordó aquel día que Daisuke se acercó a ella y le tendió un periódico.
- ¿Qué es esto? - replicó ella entonces.
- Echa un vistazo.
Ella bajó la mirada a las páginas en blanco y negro. Eran las esquelas del día. Entre todos los demás, un nombre llamó su atención: el de su hermano.
- Takki... - comenzó.
Hacía sesenta años que no lo veía, los mismos que hacía que ella pertenecía al mundo de la noche. Volver a leer su nombre implicaba acordarse del joven despreocupado de sonrisa tierna que un día había sido. ¿Qué aspecto habría tenido antes de morir? Tal vez el de un viejo decadente, con una sonrisa congelada en los labios, con la mirada triste de quien alguna vez ha sido abandonado.

Las lágrimas empezaron a descender por su rostro y Kaoru se avergonzó de sí misma, de en todos aquellos siglos no haber sido capaz de abandonar sus sentimientos humanos. Era aquello lo que le impedía adaptarse a una existencia eterna, sujeta a unas necesidades que implicaban matar a los que una vez habían sido sus iguales. Ya se había acostumbrado a devorar vidas humanas hacía mucho tiempo, pero eso no la impedía sentir. Y, al igual que amaba a Toshiya, quería por encima de todo a sus hermanos y necesitaba ser feliz. En su mente se formó una imagen de un Takki viejo y muy diferente del que había conocido y se sintió un ser despreciable por haberse ido de su lado ella también. ¿Qué clase de vida debía de haber llevado? ¿Se habría casado? ¿Habría tenido hijos?
Cuando estaba triste, solía ser él quien la animaba.

La puerta se abrió una vez más, pero en esta ocasión ella pudo escucharla y se quedó quieta mirando al vacío, sin embargo estaba temblando y eso la podía delatar.
- Tranquila, soy yo.
Reconociendo la voz de Toshiya, ella intentó incorporarse. Vio que tras él venía una mujer muy hermosa a la que no conocía.
- Estás temblando – dijo el vampiro, ayudándola a levantarse -. Tranquila, todo estará bien, te lo prometo.
Kaoru lo abrazó, todavía llorando. Pero, por muchas lágrimas que derramara, nunca podría liberarse del dolor.
La mujer, entretanto, había buscado un bloque de piedra en la pared y estaba dibujando unos símbolos muy extraños sobre él.
- ¿Quién es ella? - preguntó Kaoru.
- Se llama Aya, ella es la que convirtió a Kaoru – se refería a su amigo -. Va a ayudarnos.
- ¿Ayudarnos a qué?
- A salir de aquí.
Ella lo miró a los ojos, perpleja. No podía creerse del todo aquellas palabras. Salir de allí después de varios siglos... era lo que más deseaba.
- Ya está – dijo Aya.
La piedra de la pared se había movido, dando lugar a una especie de estrecho túnel poblado por arañas en sus telas.
- ¿Estás segura de que nadie más lo conoce? - le preguntó Toshiya.
- Sí. No tenéis mucho tiempo, así que si queréis salir de aquí debéis daros prisa. De otro modo, el castigo de Daisuke puede ser mucho peor.
- ¿Cómo puedo agradecértelo? - quiso saber él.
- No tienes que hacerlo.


Kaoru (el chico) esperaba en el corredor, donde los guardias empezaban a despertar, desconcertados, sin tener ni idea de lo que les había sumido en aquel profundo sueño. Aya se aproximaba desde el otro extremo del pasillo.
- ¿Ya está? - preguntó él, en un susurro.
- Se han ido – asintió la vampira de larga cabellera castaña -. Ahora todo depende de ellos.
Kaoru la cogió de la mano y se la llevó a un lugar un poco apartado, para evitar que los escucharan.
- ¿Cuándo nos marcharemos nosotros? - le preguntó.
- ¿Cuál es el problema? - replicó ella – Daisuke ha cumplido la palabra que te dio, ¿no? Estoy contigo otra vez, que es lo que querías. ¿Por qué quieres irte?
- Porque este no es mi mundo. Me gustaría que todo volviera a ser como antes, cuando pasábamos las horas disfrutando de la libertad.
Aya desvió la mirada.
- Yo ya no soy la de antes, Kaoru.
- ¿Aún me amas?
Ella cerró los ojos y dejó que el aire corriera por sus pulmones para emitir un suspiro. Kaoru apoyó una mano en su mejilla, aún mirándola a la espera de una respuesta, y ella le rodeó el cuello con los brazos y lo besó. Transcurrieron unos minutos hasta que se separaron de aquel beso y volvieron a mirarse.
- ¿Por qué no quieres irte? - preguntó él.
- Todavía no puedo. No te voy a obligar a que me esperes, pero si te has tomado tantas molestias por venir a buscarme espero que lo hagas. Tengo algo que resolver y después te juro que saldré de aquí contigo.
- ¿Puedo ayudarte en esos asuntos que te retienen?
- No, no puedes. Pero... bastará con que estés a mi lado.
Él mostró una amplia sonrisa y volvió a besarla.


Sus pasos llevaron a Maitreya a un cementerio abandonado en la ladera del monte Hiei. Las hierbas altas ocultaban la mayor parte de las tumbas de piedra, pero había una que había sido limpiada y sobre la cual alguien había dejado flores, a lo sumo, dos días atrás. La inscripción estaba tan desgastada que resultaba ininteligible, pero Maitreya supo enseguida a quién pertenecía y pudo sentir la emoción a flor de piel. Estaba cerca de Kyô, muy cerca, y debía dar con él. Se le daba bien seguir rastros humanos, pero los vampiros apenas dejaban huellas visibles.
- Te encontraré, sea como sea – se dijo en voz alta.
Tal vez Kyô regresaría a la tumba de su hermana. Llevaba más de un año desaparecido y, si todo aquel tiempo había estado en Kyoto, posiblemente habría hecho de las visitas al camposanto una costumbre. Maitreya se sacó del cuello un colgante en forma de óvalo que tenía en medio una piedra verde. Lo observó un segundo antes de dejarlo caer al lado de las flores, junto al borrado nombre de Yui.
Justo entonces, acudieron a ella los recuerdos de aquella noche. Maitreya corría por la calle, entre los cuerpos inertes de muchos de los suyos. Sus manos estaban llenas de sangre, pero todo lo que le importaba era encontrar a Kyô y a los demás. Un poco más adelante, escuchó el chocar de unas espadas y se dirigió hacia el lugar. Nadie que no fuese un vampiro usaba ya aquel tipo de armas. Kyô estaba peleando con otros dos vampiros. No parecían gran cosa, pero él estaba herido y no tenía más arma que sus manos. Los esquivaba cada vez con mayor dificultad mientras la extraña herida de su vientre se volvía más oscura.
- ¡¡Kyô!! - gritó Maitreya, captando la atención de los tres vampiros.
Él le advirtió con la mirada que se alejase, pero la vampira no podía dejarlo allí. Desenfundó sus dos dagas y lanzó una en la dirección en que estaba su amante. Éste la cogió por la hoja, haciéndose sangre, pero en seguida se dispuso a ayudarse de aquel arma para pelear. Mientras él le clavaba la daga en el corazón a uno de sus oponentes, Maitreya se deshizo del otro.
- ¿Qué te ha pasado? - preguntó, aproximándose a él - ¿Qué es esa herida? ¿Magia?
- No es nada, me la curaré.
- Pero estás muy débil. ¿Quién te la ha hecho?
- No tengo tiempo para eso.
- ¡Pero no puedo dejarte así, si casi no podías defenderte! Te ayudaré, vamos a...
- ¡¡No tengo tiempo!! - gritó él.
Maitreya se quedó atónita ante aquella respuesta.
- Lo siento – murmuró Kyô -. Tengo que irme.
- ¿Irte adónde?
- Adonde sea, pero debo abandonar la ciudad. Ahora mismo no tengo la fuerza suficiente para enfrentarme a Daisuke y, si no lo hago, moriré.
- Pero, ¿por qué? ¿Qué te iba a llevar a luchar con Daisuke? Es Gackt quien quiere acabar con él, no tú.
- Lo siento, Mai, hay cosas que tú no sabes y que no te puedo contar ahora. Si me voy, estaré bien.
- ¿Te ha hecho él esto? - preguntó ella, apoyando una mano en aquella herida que más que sangre movía oscuridad - ¿Ha sido Daisuke? ¿Por qué? Ni siquiera os conocéis.
- Nos conocemos mejor de lo que crees. Voy a irme ahora mismo, pero algún día regresaré y vendré a buscarte. Lo entenderé si no estás, pero de todas maneras lo intentaré – aseguró él, mientras se sacaba del bolsillo un colgante ovalado -. Mientras lo lleves puesto, no te ocurrirá nada malo. Pero no dejes que nadie lo vea.
- No, yo voy contigo.
- No, no vienes conmigo. Tú debes quedarte aquí, con Die y con los demás.
- ¿No lo entiendes? - protestó ella – Yo te amo e iré adonde tú vayas. No pienso quedarme.
- No voy a discutir.
Sin decir más, Kyô se desvaneció sin dejar rastro.

Maitreya observó de nuevo aquel colgante tan hermoso, que por detrás tenía grabadas dos iniciales: Y. D. La Y bien podía deberse al nombre de su hermana, Yui, pero desconocía qué significaba la D. Su apellido de vivos era Niimura. Tal vez la Y ni siquiera fuese de Yui.
<<Pero no dejes que nadie lo vea>>. ¿Por qué sería? Bueno, de cualquier forma, nadie lo iba a encontrar en medio del monte Hiei, sobre una de las muchas tumbas que la tierra se iba tragando. Y era la única forma de dejarle una señal, de decirle que estaba allí y lo estaba buscando.


El aire fresco chocó contra su cara, haciéndola despertar de un profundo sueño. Kaoru no sabía dónde estaba ni qué había sucedido, sólo que hacía mucho tiempo que no estaba a la intemperie y que su piel se había olvidado del sentimiento que provocaba el aire exterior. Incluso, inconscientemente, respiró una bocanada de aire y la hizo descender a sus pulmones, llenándolos.
- ¿Estás bien?
Sólo al escuchar su voz se dio cuenta de que tenía la cabeza apoyada en la espalda de Toshiya.
- ¿Qué... qué ha pasado?
Él la llevaba sobre la espalda, como si se hubiese desmayado o no pudiese caminar. Pero ella no recordaba en qué momento habían abandonado aquel calabozo ni dónde estaban.
- Estamos a salvo... de momento – respondió Totchi -. ¿Puedes andar?
- Supongo que sí, pero... ¿por qué me llevabas tú? ¿Cómo hemos salido de allí?
Él la dejó en el suelo y se volvió para mirarla. Apoyó las dos manos en sus mejillas.
- ¿No recuerdas nada?
- Estaba... estaba allí encerrada y entonces llegaste tú... pero saliste, dijiste que volverías cuanto antes. No recuerdo nada más.
Toshiya suspiró.
- ¿Qué me pasa? - inquirió ella – No lo entiendo.
- Es sólo que estás muy débil – el vampiro forzó una sonrisa -. Te pondrás bien, te lo prometo. Ahora tenemos que darnos prisa porque como nos encuentren podemos olvidarnos de la libertad para siempre.
Kaoru parecía totalmente distinta, llena de miedo, de temor, de incertidumbre.
- Yo... no quiero ser una carga – dijo ella.
- ¿Qué estás diciendo? ¡He venido a buscarte! No te rindas ahora, Kao-chan. Escúchame; no sé qué te ha hecho ese malnacido, pero te juro que haré lo que haga falta para que vuelvas a ser la de siempre. Ahora vamos a ir a buscar un lugar donde escondernos por el momento, ¿de acuerdo? - ella asintió – Me dijiste que cuando estabas conmigo... que casi te podías sentir viva. ¿Has olvidado eso también?
- No – dijo Kaoru, mirándolo a los ojos -. Si estoy contigo, no importa lo que pase, estaré bien.
- Entonces no te preocupes más. Y sigue luchando.
- Lo haré – le sonrió -. Gracias por venir a por mí.
- Vendría las veces que fuese necesario. Ahora sólo hay un problema... no he pensado adónde ir.
Ella se rió por lo bajo.
- ¿De qué te ríes?
- Te has preocupado de buscar una salida, pero no del siguiente paso. Es muy propio de ti.
Él le devolvió la sonrisa.
- ¿Tienes alguna idea?
- No, a no ser que vayamos a la biblioteca donde nos conocimos – lo miró -. En la parte cerrada nadie nos descubrirá y creo que es imposible relacionar ese sitio con nosotros. Además, allí me siento bien.
- De acuerdo, pero necesitamos darnos prisa. No puedes correr, así que súbete a mi espalda. Iré lo más deprisa que pueda.
Teniendo que cuidarse de que nadie los viese, Toshiya tardó un par de horas en llegar a la pequeña callejuela donde se ocultaba la antigua biblioteca. Antes de entrar, se aseguró de que nadie los había seguido. Por el momento, todo parecía estar en orden.
- Estamos solos – dijo el vampiro -. No sé cuánto tiempo vamos a poder quedarnos porque Daisuke se pondrá a buscarnos como loco.
- Tal vez no – apuntó ella.
- Está obsesionado contigo, tú misma dijiste que se cree que le perteneces.
- Sí, pero también le obsesiona mi hermano. No querrá que Gackt sepa que me he escapado.
- No lo había pensado. Así que intentará que no se note que te está buscando.
- Eso creo.
- Bueno, eso puede proporcionarnos cierta ventaja – comentó Totchi, optimista -. Ahora sólo debe preocuparnos una cosa.
- ¿El qué?
- Comer. Voy a salir a ver qué encuentro; tú no te muevas de aquí. No creo que sospechen que nos hemos ido juntos, así que me dejaré caer por el Bloodpit para ver cómo están las cosas. Actuaré como si no supiera nada.
- Pero yo... quería hablar contigo, tienes que contarme muchas cosas.
- Y lo haré, pero no puedo si te vuelves a desmayar. Necesitas sangre.
Él le dio la espalda y se dirigió a una ventana rota. Debían de quedar dos horas de noche.
- Estaré de vuelta antes de que amanezca.
Kaoru se acercó un poco a él y cogió entre las suyas una de sus manos. Él la miró, extrañado.
- Dame un beso – pidió la vampira.
Toshiya sonrió, le rodeó el cuello con los brazos y la besó, haciéndole recuperar una parte de toda aquella energía que Kaoru había perdido durante su cautiverio. Era casi como si le volviese a latir el corazón. Cuando ella quiso darse cuenta, el vampiro ya se había ido.


La puerta barroca se abrió con elegancia, dando paso a lo que semejaba una dama de tiempos olvidados, de hermosos cabellos dorados y con vestido de encaje. Hizaki, que así se llamaba aquel poderoso vampiro, observó con curiosidad el pasillo de piedra.
- Deberías contratar a un decorador, Daisuke – opinó.
- Tal vez te gustaría ocuparte a ti – repuso el aludido, que iba detrás de Hizaki.
- Veo que no te llama la atención la belleza – sonrió aquel ser encantador -. De todas maneras, ha sido un placer estar en tu casa. Sólo hay algo que me gustaría pedirte antes de marcharme – se volvió hacia su interlocutor.
- Siempre y cuando esté en mi mano...
Hizaki sonrió con cierta maldad, no sin notar los oídos atentos de uno de los guardias.
- Quisiera verla a ella – explicó Hizaki -, a la que dicen que amas tanto que has entregado una valiosa parte de ti.
Daisuke le devolvió una mirada cargada de odio.
- Lo que cuentan no siempre es cierto, Hizaki. No te equivoques conmigo; yo no amo a nadie.
- ¿Sabes? Tus ojos no dicen lo mismo.
- Ya hemos acabado con nuestra conversación.
- Ten cuidado si no quieres perder todo lo que tienes, no ames a la persona equivocada... una vez más.
Tras sonreír nuevamente, Hizaki echó a andar por el corredor, con cierta parsimonia, pues le gustaba contemplar cada rincón. Cuando se hubo perdido de vista, Daisuke regresó a la sala de juntas, donde habían estado hablando, cerró la puerta y dejó caer la cabeza entre sus manos.

Una vampira de pelo rizado y aspecto un poco impaciente estaba detenida en la calle, junto a la puerta lateral de la morada de Daisuke. Era un ser diferente de los demás, como si no tuviese la eternidad por delante, como si cada segundo contase. Al menos daba esa impresión.
- Siento haberte hecho esperar, Kaede.
Hizaki descendía por las escaleras que conducían a la salida.
- Pronto se hará de día – comentó ella -. ¿Ha estado interesante la entrevista?
- Sí, ha tenido sus momentos divertidos – respondió él, con una sonrisa pícara -. No me puedo creer que a estas alturas todos, absolutamente todos nosotros sigamos siendo tan frágiles.
- ¿Hablas por ti?
- En parte – la observó unos instantes -. Todos tenemos algo que nos impide ser lo que se supone que somos.
- ¿Qué te impide a ti ser lo que se supone que eres?
La sonrisa del vampiro se hizo más amplia. Sin más, apoyó sus manos cubiertas con guantes de blonda en la cintura de Kaede y le respondió con un beso lleno de sinceridad.


Olivia observaba la luna a través de la ventana. No pensaba responder a aquella pregunta. Aunque no pudiese volver a ver a Uruha, ella no iba a hacer lo mismo que el amigo de Toshiya, ella no pensaba traicionar a la única persona que le había demostrado ser su amiga.
- Es una pista falsa, ¿verdad? Tú sabes dónde está.
Ella simplemente no contestó. Si Gackt quería saber dónde se había metido Toshiya, que saliera él mismo a buscarlo, si es que se atrevía. ¿Qué le daría miedo? ¿Que Daisuke se hubiese aliado con Hizaki? ¿O sencillamente encontrarse con su hermana?
- Dime si lo que sospecho es cierto, Olivia – pidió él.
- ¿Cambiaría algo que te lo confirmara o que te lo negara?
- Lo cambiaría todo. Para empezar, tu situación. Si me dices la verdad, te dejaré en paz y podrás volver con Uruha. ¿Es que no quieres verle?
- Si te digo la verdad, ya no te seré útil y me matarás – replicó ella -. ¿Me tomas por idiota? Ya no sé por qué sigues con esto si hasta tú sabes que Kaoru te odiaría si viese en lo que te has convertido.
- ¡¡Cállate!! Ella no puede odiarme.
- Ella quería a su hermano y creo que tú ya no puedes serlo. Por eso no te atreves a ir al territorio de Daisuke a comprobar si realmente Toshiya se ha aliado a él y matarlo. Eres igual que Daisuke.
- ¡¡He dicho que te calles!!
Una fuerza invisible hizo volar a la vampira contra la pared, y ella cayó al suelo con los huesos doloridos, pero todavía mirando a Gackt firmemente.
- Eres demasiado humano – dijo ella.
- Cállate... cállate... - balbuceó Gackt, dejándose caer en el suelo.
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Izumi Kaede
Posted: Jul 4 2008, 01:50 PM


"sono mune ni aru kurayami wo sotto terasou"


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owooooooooooo
k lios pasan entre buenos y malos...jojo

cuando puedas siguee tiritiri
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Kaoru Himura-Takarai
Posted: Jul 4 2008, 01:56 PM


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Estoy liando la cosa de mala manera y encima sin querer, porque voy a escribir una cosa y de repente veo que he escrito otra xD Pero me mola cuando se me va la pinza xD
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mineko yukihiro
Posted: Jul 9 2008, 12:20 PM


So I can´t live... Let's put an end... The Final


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ains lein ahora todo
paso d comentarche máis pq xa sabes d sobras q opino d cómo escribes xD

pero por culpa túa ahora teño mimitis d kyo Y.Y
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Kaoru Himura-Takarai
Posted: Jul 9 2008, 01:46 PM


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xDDD
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mineko yukihiro
Posted: Jul 9 2008, 02:23 PM


So I can´t live... Let's put an end... The Final


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eres malvada xDDD
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Kaoru Himura-Takarai
Posted: Jul 9 2008, 05:13 PM


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Si el pobre Kyo aún no tuvo ni voz ni voto xD
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mineko yukihiro
Posted: Jul 10 2008, 09:23 AM


So I can´t live... Let's put an end... The Final


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xa muller, xa (e mentras siga escondéndose d mai ..todo vai ben ¬¬')
xDDDDDDDDDDD

pero pola túa culpa teño mimitis con kyo, por eso eres malvada
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Kaoru Himura-Takarai
Posted: Jul 10 2008, 11:18 AM


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Pues no se esconderá eternamente xD
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mineko yukihiro
Posted: Jul 10 2008, 12:55 PM


So I can´t live... Let's put an end... The Final


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xa o sei > _>
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Kaoru Himura-Takarai
Posted: Jul 15 2008, 03:18 PM


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Al final me llevará más de lo que esperaba... u.u


Toshiya entró en el local. Todo parecía seguir su curso habitual, aunque había poca gente, pues no quedaba mucho tiempo de oscuridad. Algunos de los aliados de Daisuke estaban allí, aparentemente tranquilos, como si no pasara nada. Quizás aún no hubiesen notado la ausencia de Kaoru. Se paseó un rato por allí y buscó una víctima apropiada. Cuando estaba echando un vistazo al local, una chica se le acercó, con aspecto coqueto.
Me has estado mirando, ¿verdad? - le dijo, sonriente - Me llamo Mika.
- Vaya – respondió el vampiro -, así que te diste cuenta.
Claro que no la había estado mirando, pero cada día los humanos le ponían más fácil el trabajo.
- ¿Quieres... charlar un rato? - propuso ella.
- Sí, ¿por qué no? Me llamo Toshiya.
Se alejaron un poco de la multitud para ir a sentarse a unos sillones del fondo.
- ¿Y qué te trae por aquí? - quiso saber ella - ¿Vienes a... cazar?
Él sonrió.
- Estaba buscando a una chica tan encantadora como tú.
Se acercó para besarla y después descendió hasta su cuello marmóreo. La joven debía de creerse que no la iba a matar, pero se dio cuenta demasiado tarde de que estaba equivocada.
- ¿Una buena presa? - preguntó una voz, mientras él se levantaba del sillón.
- Una presa fácil – repuso, mirando a Yuana, la mano derecha de Daisuke -. ¿Puedo ayudarte en algo?
- En realidad sí. ¿Conoces a esta persona?
Le mostró una fotografía. Aunque apenas había coincidido con él, Toshiya sabía de quién se trataba.
- Vagamente.
- ¿Y a ella?
Le enseñó otra foto, esta vez de una mujer.
- No.
- Pertenecen al mismo clan, ella es su amante. Quiero que la secuestres.
- ¿Qué? ¿Por qué, cuál es la estrategia?
- No hagas preguntas. Juraste obediencia, ¿no? Pues no me des motivos para matarte. Haz lo que te digo.
- ¿Tengo que ir a Kioto? - preguntó Totchi.
- Sí. Cuando la hayas cogido, irás a esta dirección – le tendió una tarjeta -. No podrá escapar de allí. - Tienes dos días.
Él sólo asintió y se alejó, bajo la mirada desconfiada de Yuana.


Cerró los ojos al sentir unas manos sobre sus hombros y concentró toda su atención en los sentimientos que aquellas caricias le provocaban. Sonrió al sentir en la nuca los labios de Mineko, que se fueron desplazando por su cuello hasta la parte de delante. Tras los labios fueron los colmillos, que primero tantearon el terreno para posteriormente clavarse con seguridad. Él dejó escapar un gemido cuando sintió que toda la sangre del cuerpo se le concentraba en aquel punto y, después de unos segundos, empujó a la mujer, con cierta brusquedad, contra la pared, donde se abrazaron para compartir un beso lleno de pasión que duró varios minutos. Al separarse, ella empezó a abrirse paso entre la ropa, pero el vampiro la detuvo.
- Espera, Mineko.
- ¿Qué pasa?
- He visto algo.
Ella simplemente lo miró, esperando a que se explicara, mientras volvía a subir las manos hasta sus hombros.
- Alguien viene a por ti.
- ¿A por mí? ¿Quién querría hacerme daño?
- No a ti, sino a mí. No sé quién es, pero me imagino que quiere utilizarme usándote a ti de cobaya.
- ¿Es fuerte?
- No lo he visto muy claro – respondió él, que la tenía agarrada por la cintura -, pero no es lo que más me preocupa.
- Ah, claro, hay cosas que te preocupan más que mi seguridad – dijo ella, haciéndose la ofendida.
Atsushi sonrió.
- Me preocupa quién envía a alguien a hacernos daño y por qué razón.
- ¿Desde cuándo te da miedo pelear?
- No me pinches – protestó Atsushi -. Tómatelo en serio.
- Ya lo hago. Los años te han vuelto un poco cobarde, pero creo que podré entenderlo; sólo dame un poco de tiempo.
- Si sigues así, voy a tener que castigarte.
- No estaría mal, quiero ver si al menos no te has ablandado también en tus castigos – repuso ella.
El vampiro la besó en la garganta y después descendió por el escote, acariciándole la piel con la boca y mordiéndola en el pecho para continuar lo que minutos antes habían empezado.


Hacía ya un rato que a través de las persianas se filtraba la luz solar y Toshiya aún no había regresado. Kaoru estaba preocupada y cada vez se sentía más impotente. Le costaba incluso moverse. <<Maldito Daisuke, ¿qué me ha hecho?>>.
Escuchó ruido un poco más allá y caminó hasta el lugar de donde provenía, ocultándose por si se trataba de algún enemigo, pero enseguida vio a Toshiya, con aspecto cansado y cargando con un guardia de seguridad muerto.
- Has tardado – dijo ella -, ¿va todo bien?
- Sí, no te preocupes – dejó caer el cadáver en el suelo -. Te he traído el desayuno.
- ¿Después hablaremos?
- Te debo varias explicaciones.
Kaoru observó un momento el rostro del hombre muerto y después devoró toda su sangre sin contemplaciones. A él ya no le iba a hacer falta. Al terminar se sintió mucho mejor, a pesar de que seguía sedienta. Sin necesidad de levantar la vista, ya supo que Toshiya llevaba todo el tiempo mirándola.
- ¿Qué pasa?
- Que, a pesar de todo, tenemos un día entero para nosotros dos.
Ella se acercó, aún con la boca llena de sangre, y le dio un beso lleno de pasión y de necesidad. Toshiya la apartó un poco.
- Vamos a hablar, ¿sí?
Fueron a sentarse a un rincón de la biblioteca donde apenas daba la luz. Era el sitio donde se habían visto la primera vez, cuando Gackt lo envió a él a darle un recado a su hermana. Todo había cambiado mucho. Aquella noche, él no pensaba que la hermana perdida de Gackt se fuese a convertir en el centro de todos sus pensamientos.
- La última vez que nos vimos, cuando te pedí que consiguieras la moneda, sabía que ibas a tener problemas, así que le dije a Kaoru que estaba preocupado y él se ofreció a infiltrarse para ayudarte. No sabía que Aya estaba retenida por Daisuke y que a él lo movían otros intereses. ¿Por qué confiaste en él?
- Porque pensé que era sincero. Es tu amigo.
- Te mintió. Él, desde el principio, estaba colaborando con Daisuke. Le juró fidelidad a cambio de que él le devolviera a Aya. Así que dejó que le explicases tus intenciones y se lo contó todo. Por otro lado, también fue generoso. Te dio tiempo para actuar.
- De alguna manera, conocía todos mis planes – explicó ella -. Podría haberme detenido incluso antes de vernos aquella noche.
- Hizo lo que pudo para satisfacer a ambas partes y supongo que Daisuke lo sabe. No creo que sea ningún tonto y en algún momento intentará deshacerse de él... igual que intenta deshacerse de mí.
- ¿De ti?
- Luego te lo explico. Dejaste escapar a Olivia, ¿no?
- Olivia – dijo Kaoru -. Me había olvidado completamente de ella. ¿La has visto? ¿Está bien?
- No lo sé... Verás, cuando llegó, tu hermano estuvo reunido con ella, hablando. Yo no pude cruzar muchas palabras con ella porque cuando salió de allí parecía asustada y sólo me dijo que huyera o moriría. Por eso me uní a Daisuke.
- ¿Qué? ¿Por qué? No lo entiendo.
Toshiya buscó las palabras, pero iba a ser duro de todas formas.
- Gackt quiere matarme
- Pero creía que confiaba en ti, incluso... que erais amigos.
- Eres tan ingenua – sonrió él -. Yo creía haberle dado motivos para confiar, sí. Pero ya he visto qué es lo que no soporta que nadie le toque, y... perdona que te diga esto, pero creo que Gackt no es menos egoísta ni posesivo que Daisuke.
Kaoru se quedó callada un momento, pensativa.
- ¿Le dijiste que estábamos juntos? - preguntó.
- Me preguntó si te amaba, y le dije la verdad. Cuando Olivia salió de hablar con él, me pidió que huyera... creo que ella misma tenía órdenes de acabar conmigo. No quiero ponerte en su contra porque sé cuánto lo quieres, pero creo que no estoy exagerando si digo que tu hermano se cree que eres propiedad suya, igual que Daisuke.
- ¿Por qué no te fuiste de la ciudad? - ella parecía querer cambiar de tema.
- Por dos razones. La primera, que me perseguirían hasta atraparme. La segunda, que no quería alejarme de ti. Así que decidí matar dos pájaros de un tiro porque, aunque sospechase algo, Gackt tardaría un poco en venir a buscarme a los dominios de Daisuke y, aunque lo hiciera, tendría que enfrentarse a él primero. Y así podría infiltrarme para sacarte de allí. Fue la decisión correcta porque estuviste un mes entero allí encerrada, sin probar una gota de sangre y desvaneciéndote lentamente... No tienes ni idea de lo mal que lo pasé.
- Pero, ¿cómo lo conseguiste? Kaoru negoció con Daisuke porque él tenía a Aya, pero ¿y tú? ¿Le contaste que nosotros...?
- No. Si lo hubiese hecho, ya estaría muerto. En realidad no se fía de mí. Cuando llegué, fue Yuana el que me entrevistó, quería saber por qué razón debería aceptarme entre los suyos. Solamente le dije que Gackt me quería matar porque ya no le era útil. No creo que se tragase ni una palabra, soy un mal actor.
- Pero Yuana no es precisamente alguien permisivo – replicó ella -. ¿Por qué te dejó quedarte?
- No estoy seguro, pero me imagino que leyó ciertas segundas intenciones en mí. Aún parece tener ganas de averiguar qué me traigo entre manos y, en cuanto todos se enteren de tu desaparición, puede que sepa qué era lo que yo buscaba. De todas maneras, Shinya me está haciendo el favor de dejar un rastro falso por otras partes del país para que la gente de Gackt me busque por allí. Odio meterlo en estos líos, pero no me puso ninguna objeción. Esta noche, estando en el Bloodpit, Yuana vino a encomendarme una misión.
- ¿Qué clase de misión?
- Me ha pedido que vaya a Kioto, al nido de uno de los clanes más importantes de Kansai, y rapte a la novia del líder.
- ¿Qué?
- La intención es librarse de mí, claro. Pero, si lo consiguiera, me ganaría su respeto y su confianza... tal vez.
- ¿Vas a ir? No tienes ninguna posibilidad, serás tú contra un clan entero.
- No sé qué voy a hacer, todavía estoy pensando en una solución inteligente. Pero se me agotan las ideas. Ya sabes, soy un debilucho y demasiado tonto como para enfrentarme a todo lo que se me viene encima – comentó Toshiya -, a diferencia de los otros dos hombres que te quieren, que son fuertes y poderosos.
- No le llames a eso querer. Yo no necesito a alguien que se cree que soy un objeto ni que me corta las alas – miró al suelo -. Si eso es amor, no lo quiero. Lo que necesito es a alguien que está dispuesto a entenderme cuando necesito ser débil y llorar, que puede reírse conmigo cuando quiero burlarme de este mundo egoísta y que es capaz de meterse en la boca del lobo sin un plan previo sólo para estar cerca. Eso es lo que necesito.
Totchi le tendió los brazos y ella se tumbó en su regazo y dejó que el vampiro le acariciara la cara y el pelo. Todavía no sabían qué sucedería la siguiente noche, pero por el momento tenían el día entero para estar juntos.


Shinya estaba sentado junto a la puerta corredera que, desde la habitación que había alquilado en la posada, daba al jardín. Llevaba puesto un kimono y miraba al cielo en silencio, buscando soluciones que parecía que no iban a llegar. Al día siguiente volverían a emprender su camino, pero ignoraba por cuánto tiempo podrían seguir así. Maki no le decía nada, como si todo lo que él propusiese le pareciera bien. Era diferente, tan diferente de aquella persona llena de coraje a la que había conocido...
- No entiendo por qué sonríes – le había dicho él una vez, cuando apenas sabía nada de ella -, ¿qué te parece tan divertido? Cualquiera daría lo que fuera por volver a tener una vida normal.
- ¿No es la vida eterna lo que tanto ha perseguido el ser humano? - había replicado Maki – Yo he conseguido lo que tanto sueñan, ¿de qué puedo quejarme? ¿De que me tengo que alimentar de ellos? Todos los ecosistemas funcionan así: un depredador se alimenta de los otros animales.
- ¿Y para qué quieres la vida eterna si sólo trae soledad?
- Eso depende – sonrió la vampira, de largos cabellos negros y aspecto risueño -. Si pudiese ver esa cara tan mona todos los días, cada segundo sería un regalo.
Shinya se había quedado callado mirándola, sin poder encontrar una respuesta a aquel argumento.
A pesar de que muchas veces no la entendía, él la amaba tal y como era, alegre y despreocupada, con ganas de aprovechar cada instante de la eternidad, como si fuese algo finito. Y la echaba de menos ahora que toda aquella alegría parecía haber muerto.
El sol empezaba a acercarse peligrosamente a donde estaba él, así que se levantó y entró en la habitación. Maki estaba dormida en uno de los futones, con el cabello ondulado extendido. Se sentó junto a ella y, una de tantas veces, se juró a sí mismo que la curaría.


Daisuke salió de su antigua habitación, donde guardaba los objetos más inservibles y los que más daño le hacían. Los pasillos estaban desiertos, pues casi todos dormían. Descendió por las escaleras con parsimonia y caminó durante unos instantes por el corredor donde se hallaban los calabozos, hasta detenerse delante de uno de ellos. Allí dentro, aún inconsciente, estaría Kaoru. Todavía debía dejarla allí un tiempo más, hasta que estuviese tan débil y tan insegura de sí misma que no pudiera oponer más resistencia a obedecerle y permanecer a su lado. Pero no quería perderla.
- Kaoru – le dijo a uno de los guardias que vigilaban el pasillo -, llévale esto.
Le había puesto en las manos un vaso de cristal lleno de sangre.
- ¿No quieres llevárselo tú mismo? - preguntó Kaoru.
- Haz lo que te digo.


Toshiya parpadeó. Llevaba un buen rato ensimismado, dándole vueltas a la orden de Yuana e intentando pensar algo. No podía presentarse allí él mismo porque perecería en el intento, pero tampoco podía enviar a nadie. Y, si simplemente no lo hacía, estaría más que claro que él había huido con Kaoru y tendría tras su cuello a Gackt, a Yuana y a Daisuke. Sólo podía intentarlo con la esperanza de que saliese bien.
- No lo pienses tanto – le dijo la voz de Kaoru -. Ya se nos ocurrirá algo...
- Sí, siempre se lo dejamos todo al azar y que sea lo que tenga que ser – comentó él, volviéndose -, pero precisamente ahora no quiero morir.
- Tal vez, si yo hablara con mi hermano...
- Sí, tal vez me mate más rápido que Daisuke o que Atsushi.
- ¿No crees que Gackt lo vaya a entender?
- No, no lo va a entender. Sé que te duele, pero es así.
Ella suspiró, mirando al vacío. Hacía tantos años que no veía a Gackt... y él sólo podía pensar en arrebatarle lo que más amaba en el mundo.
- Cuando estábamos vivos, una vez me salió un pretendiente – comentó -. A mí también me gustaba, pero Gackt se opuso rotundamente a que me siguiera viendo. Una vez nos encontró juntos en el jardín; él se había colado y me había besado. Si Takki no lo hubiera detenido...
Se quedó callada un momento, sintiéndose culpable al pensar en su hermano, al que los dos habían abandonado sin piedad. Él era el que siempre la comprendía, el que la apoyaba en todo...
- ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
De pronto, Kaoru se percató de que había perdido la noción del tiempo. Toshiya se encontraba ahora a su lado, intentando calmarla, y ella temblaba y lloraba.
- Lo... lo siento, no sé qué me ha pasado.
- Yo sí lo sé: Daisuke. No sé qué demonios te ha hecho, pero te pondrás bien. ¿Estás mejor ahora?
- Sí... ha sido al hablar de mi hermano...
Él se quedó pensativo. Quizás el problema era ése, hacerla recordar a aquel hermano que había llevado una vida completa como mortal. De ser eso, tal vez bastaría con que Kaoru se liberara de esa culpa, pero, ¿cómo?
- ¿Dónde está la tumba de tu hermano? - preguntó.
- Aquí, en Tokio. Creo que pasó sus últimos años en esta misma ciudad.
- Pero vivíais en Aizu.
- Sí, al menos mientras estuvimos juntos los tres. Después... no quise saber nada más de él. No se merecía tener una hermana como yo, no quería que se avergonzara...
- Dime que hay algún lugar que te una de forma especial a él y que Daisuke no conozca. Creo que eso puede ayudarnos.
- Bueno... tal vez sí que exista ese lugar.
- Pues, sea cual sea, vamos a ir hacia allí, antes de que termine el día. Pero antes tenemos que pasar por Kioto.
- Está bien, confío en ti – respondió ella -. Espero que la suerte esté de nuestro lado.
- Sinceramente, yo también – rió él.
- ¿Cuántas horas tenemos hasta entonces?
- Todavía es pronto, así que cinco o seis.
- Tiempo suficiente – sonrió ella.
Lo asió de la camiseta para acercarlo más a ella y lo besó, mientras se sentaba sobre una de las mesas de lectura. Totchi le apartó la asa del vestido que le cubría un hombro y la besó en aquel lugar. Ella empezó a levantarle la camiseta mientras le iba acariciando el abdomen y el pecho, pero de pronto vio algo que la hizo detenerse.
- ¿Quién te ha hecho esto?
Toshiya se apartó.
- ¿Ha sido Daisuke o ha sido Gackt?
- Mierda, no quería que lo vieras, me hiciste perder el control.
- No cambies de tema, dime quién ha sido porque lo voy a matar.


Kyô sabía lo que estaba pasando. Por alguna razón, Maitreya estaba allí, en Kioto, recorriendo los lugares donde él había vivido. ¿Por qué ahora iba a buscarlo? Lo mejor era que no se viesen. Él ya no era el mismo de antes y no podía volver a serlo. Ya ni siquiera valía la pena como vampiro.
Siguió ascendiendo por la ladera por donde había visto subir a Maitreya apenas unas horas antes y se detuvo ante la piedra que cubría la tumba de su hermana. Encima de la misma, pudo ver un óvalo de plata con una piedra ambarina incrustada. Alargó una mano para cogerlo, pero antes de tocarlo sintió un pequeño calambre. Sonriendo para sí mismo, lo sostuvo ante sus ojos y lo observó.
- Te pedí que no la abandonaras – dijo -. Supongo que lo que yo quiera de ti ya no te importa.
Observó la tumba en silencio. Después se encaminó monte abajo, con el colgante metido en uno de sus bolsillos.
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mineko yukihiro
Posted: Jul 15 2008, 04:31 PM


So I can´t live... Let's put an end... The Final


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matáchesme xD
pero eso non é suficiente para distraerme d todo d kyo ¬¬

PD: a ver cando consigues facer algo corto x'D
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