Nogard abrió los portones del Consejo, dentro, las palabras de los Grandes Magos, que siempre estaban discutiendo ideas y nuevos conjuros, se acallaron cuando lo vieron ingresar.
-Buenas noches, Grandes Magos del Consejo.- Dijo él, muy ceremonial.
"Buenas noches, Gran Patriarca del Santuario." Saludaron a coro los magos. "Buenas noches a usted, Rey de todos los elfos de la luz." Saludaron luego a Lance...
Nogard cerró los inmensos portones con una facilidad asombrosa, y luego, mirando profundamente a cada uno de los Grandes Magos del Consejo, los puso a todos en conocimiento de los últimos sucesos; les dio los detalles sobre su condición actual, portador del Dragón Dorado de los mitos arcanos del continente. Los Grandes Magos se asombraron intensamente y murmuraron palabras de preocupación. Nogard continuó relatándoles la necesidad que él y Lance sentían con respecto a ubicar a las otras criaturas, ya que quizás ellas podrían darles una repuesta del por qué de la ira del Dragón Dorado, y una forma de detenerlo, junto al Dragón Negro que se profetizaba que se levantaría junto a él.
Rápidamente, los Grandes Magos formaron un círculo entre ellos y comenzaron a hablar... luego se pudo diferenciar lo que decían, estaban recitando un salmo muy antiguo. Sus cuerpos comenzaron a brillar...
-Es la primera vez que lo veo, pero seguramente es el método de identificación de auras. Escuché que sólo lo pueden realizar cuando todos los Grandes Magos están reunidos y que nada ni nadie puede escapar a su poder. Con este conjuro se puede ubicar a cualquier criatura del mundo, no sólo de Lodoss.- Le informó Nogard mientras miraba como las luces que desprendían los magos se iban volviendo como olas y humo que llenaban toda la habitación. Luego de repente, dejaron de brillar y el mago más viejo se acercó a Nogard.
"Altísimo Señor... discúlpenos." Le dijo mientras se inclinaba reverencialmente. "No hemos podido sentir ninguna presencia arcana, ni siquiera nosotros los Grandes Magos del Consejo podemos encontrar a esas criaturas, de las cuales estamos tan versados y hemos estudiado tanto." Por el tono de su voz se podía adivinar que el Gran Mago sufría una enorme vergüenza.
-No te preocupes. Nos han ayudado bastante. Pero dime una cosa antes, ¿ni siquiera pudieron sentir al Dragón Dorado?- Le preguntó Nogard, aguardando ansiosamente la respuesta.
"Fue al primero y al único que pudimos sentir... aunque habiéndonos dicho usted que lo portaba dentro de sí, nuestro trabajo no trabajo nada de nueva información. Lo lamentamos profundamente." Continuó el mago sin levantarse.
-No digas eso. Me has informado que por medios convencionales no podemos ubicarlos sino hasta que hayan despertado. Entonces, tendremos que buscar las formas que los antiguos habitantes de Lodoss utilizaban para comunicarse con estas criaturas. Les pido por favor que intenten buscar toda la información al respecto.- Dijo Nogard tocándole un hombro, sonriendo.
"¡Por supuesto Patriarca! ¡Esta vez no lo defraudaremos!" Aseguró el mago al levantarse.
Nogard le sonrió, y a todos los demás magos, y luego invitó a Lance a que lo siguiera hasta otra habitación. Dentro había una biblioteca tan alta como cada pared del recinto, y cuatro sillas en torno a una mesa redonda de madera. Nogard se quedó cerca de una de las sillas mientras esperaba por Lance.
-Parece que no nos queda más que ir por el consejo de Kel...- Dijo como un suspiro.
-Así parece.- Dijo Nogard con el semblante un poco oscurecido.
-Para los Grandes Magos, o cualquiera que venga a visitar este lugar.- Cuando Nogard decía cualquiera, se refería a los seres con su autorización.
-Hay una regla en esta mesa redonda de conocimiento. Si alguno de los que se sienta y lee hace una pregunta, sólo deberás responderla si conoces la respuesta o un dato que pueda ayudarlo. También es una obligación responder si conoces esa respuesta.- Le comentó a Lance mientras corría una de las sillas y luego otra, -Siéntate por favor.- le pidió sonriéndole a pesar de todo.
-Creo que Kel sabrá darnos respuesta, o al menos nos informará sobre qué es lo que podemos hacer para encontrarla. No queda más que entregarnos a la Gracia de los Dioses.- Dijo con un dejo de tristeza e impotencia, no quería perturbar a sus Dioses, pero sabía que era la única alternativa que le quedaba.
-Pero hoy ya hemos hecho bastante, será mejor arreglar el encuentro con Kel para el día de mañana. Mejor descansemos un poco, ¿no te parece?-
Nogard asintió, concordando con lo dicho por Lance. Recargpo cuidadosamente su cuerpo sobre la silla y se quedó en silencio durante un largo rato, tratando de pensar en todo lo que había pasado. La búsqueda de los seres mitológicos sería difícil, estaba seguro, pero confiaba en Kel.
El dragón dorado, portador de tanta ira, de tanta destrucción, alojado en su cuerpo... ¿por qué? Como era el destino de malvado que primero le quitaba a Ised y luego lo maldecía de tal forma. Estaba embrujado desde las entrañas, Nogard no podía dejar de pensar en ello.
Miró a Lance por un momento, profundamente a los ojos y en silencio... estaba meditando seriamente su próximo movimiento...
De pronto, Nogard se levantó y cargó en su mano una gran cantidad de energía física. Su mano centelleaba violentamente; antes de que Lance pudiera hacer algo, Nogard llevó su mano hacia su rostro para arrancarse la cabeza y poner fin así al legado de destrucción del Dragón Dorado.
Todo la habitación se estremeció como si un terremoto golpeara a todo el Santuario, luego, por un corto instante, Nogard se transformó en el Dragón Dorado y éste impidió que cometiera suicidio, violentando su brazo hacia un costado y dislocándoselo en todas sus articulaciones.
El rostro de Nogard se llenó de sufrimiento cuando el Dragón lo liberó, cayendo al suelo bruscamente, herido.
Nogard se apoyó en Lance, aturdido únicamente por saberse incapaz de controlar su propio cuerpo, el Dragón Dorado parecía tener cubierto hasta el inconciente de Nogard, ya que era evidente que no lo dejaría cometer acciones que atentaran contra su propia existencia.
Inmediatamente un grupo de los Grandes Magos entró a la habitación, aterrados por la fugaz presencia del Dragón. Vieron el brazo casi destrozado de Nogard y uno de ellos se ofreció para sanarlo, pero Nogard estaba tan apesumbrado que nada dijo.
Saliendo de sus pensamientos durante unos segundos, Nogard agradeció la ayuda del Gran Mago, y también la de Lance, de quien se zafó suavemente para poder sentarse en la silla en la que estaba anteriormente.
-Estoy bien. Gracias.- Dijo aún con el gesto perdido en las memorias recientes.
-Vuelvan a su investigación.- Les pidió Nogard a los Grandes Magos, los cuales acataron la orden de inmediato pero preocupados.
Una vez que estuvieron solos, Nogard le dijo a Lance:
-Será mejor que busquemos información sobre el resto de las criaturas cuanto antes. Te contactaré en cuanto tenga novedades.- Y se apoyó completamente en la silla, mirando al elfo con gesto cansado.