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Luego de un ligero malestar, por el que se vió obligado a quedar encerrado en su habtación, nada deseaba más que estirar sus piernas. Al caer la noche salió tan sigilosamente como pudo hacia el exterior, una noche calurosa, por lo que solo llevaba un jean roto en las rodillas, y una camisa de un varde obscuro, que aparentaba ser más calurosa de lo que en verdad era.
Se dirigió con paso lento hasta un lugar tenuemente iluminado por unas farolas, donde encontró un lugar tranquilo, a un lado de un camino de piedras, un gran banco de madera rustica. Se sentó en el y encendió un cigarrillo mientras disfrutaba de la suave brisa que llegaba a él y observó a la nada, con la mirada perdida preguntandose que debería de hacer. Importunar a alguien siempre era un buen plan... Quizá más tarde.
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Si, sé que soy molesto, si, sé que soy egocentrico, ¿Sabes que es lo peor?, que aún así, te caigo bien.
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